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Argentina
Sci -Fi: Queríamos preguntarle en primer lugar si luego
de experiencias como la de Extraña Invasión y La
Venganza del Sexo volvió a contemplar la posibilidad
de acercarse a ese tipo de temática.
Emilio Vieyra: Tengo
un guión escrito con Diego Curubeto, El Dr.
Zoide contra la Bestia Desnuda, que trata precisamente la
resurrección de Zoide -que era el protagonista de La
Venganza del Sexo- en un predio cercano a una boite donde
sucedían los crímenes de La Bestia Desnuda.
Hace ya dos o tres años que tenemos el guión terminado,
pero es una película con mucho efecto especial, porque el Dr.
Zoide surge de la tierra tipo Terminator y se va componiendo.
Es algo difícil, costoso, pero ése es el guión
que está preparado. Después hay otro guión que
también hicimos con Curubeto, pero no es tanto de ciencia-ficción,
es más una remake de una vieja película mía, Testigo
para un Crimen, un policial que Diego acomodó a
un disc-jockey, en realidad un DJ actual, de los que pasan música
electrónica. También hay crímenes y cosas por
el estilo, son dos guiones que están ahí. Pero en este
momento el plan que tengo es otro, es un guión sobre un thriller
político. Pero volviendo a aquello de la época del sesenta
y pico, cuando yo empezaba prácticamente, que fueron esta serie
de películas fantásticas, no volví a ese terreno.
Después de eso incursioné en la película musical,
con Sandro, después hice películas de acción...
AS-F:
De hecho usted inicia la serie de los Superagentes.
E.V.: Sólo
hice la primera, La Gran Aventura. Después Los
Irrompibles, con Jorge Martínez, y después
hice otra serie de películas, pero no volví a ese terreno.
AS-F: ¿Cómo
surge la idea central de Extraña Invasión,
me refiero a la interferencia en la señal televisiva y su
poder nocivo para con los niños especialmente?
E.V.: Yo leí un
cuento que estaba en inglés, lo hice traducir para tenerlo más
claro, porque puedo leer en inglés pero tampoco lo domino tanto.
Hablaba de unas emanaciones que surgían de un pantano que provocaban
una enfermedad. Yo cambié la enfermedad por esa visión
de la televisión, ese círculo que lo fabricó un
técnico muy bueno de Radio Serra -una fábrica
de radios que había en aquella época, que estaba por Nueva
Pompeya-, que luchó mucho para encontrar lo que yo le pedía.
Yo quería encontrar algo que fuera electrónico, que esos
vapores que surgían del pantano en lugar de producir envenenamiento
-todavía no se hablaba de las armas químicas en ese tiempo-
pasaran por la televisión, que estaba muy de moda en ese momento.
Entonces se me ocurrió que en la pantalla del televisor interfirieran
unas ondas, y busqué a este técnico de Radio Serra,
que era una fábrica que yo había utilizado en muchas
películas para que me prestaran radios y televisores. Y el hombre
vino, luchó y buscó hasta que encontró esa imagen
rara que era la que mantenía a los chicos frente al televisor.
Y así surgió el tema.
AS-F:
Hay un trabajo muy logrado en las áreas fotográfica
y escenográfica.
E.V.: Fue una coproducción.
Yo no lo hubiera podido hacer acá eso. Se hizo en color, pero
acá todavía no se hacía color, se hacía
blanco y negro en esa época. Eso fue posible porque vinieron
técnicos de Estados Unidos, fue una de las primeras películas
en color acá, ésa y Pimienta, una
con Luis Sandrini. Vinieron también coproductores que
trajeron todo: uniformes, parquímetros -que acá todavía
no existían. Fue una producción muy importante, se armó un
barrio tipo americano en Palomar. Fue una película costosa,
pero yo participaba con la parte argentina de lo que era toda el área
técnica, más algunos actores que hablaban inglés
(aunque luego se dobló) y que tenían al menos la fonética.
AS-F:
Le habrán comentado más de una vez que el tema de Extraña
Invasión recién se retoma unos veinte años
después con Videodrome, de David Cronemberg.
E.V.: Sí,
aunque la verdad es que yo no había reparado mucho en eso. La
verdad es que yo empecé a hacer cine en el año 59.
Venía de Estados Unidos, de hacer un pequeño curso
en la Columbia, más que nada de televisión. Había
guardado unos pesos de haber trabajado allá de inmigrante -como
los que se van ahora. Estuve un par de años, junté algunos
pesos y cuando vine acá me asocié con dos amigos, uno
de ellos era asistente de dirección de Torre Nilsson, Rodolfo
Blasco, e hicimos una película llamada Madrastra.
Después hicimos Quinto Año Nacional,
pero no estaba en mis planes ser director. Yo era actor, y mi plan
era seguir siendo actor. Pero resulta que después de Quinto
Año Nacional tuve una idea para hacer una película
-un argumento con Abel Santa Cruz- sobre una célula comunista.
El socio que tenía como director no quiso dirigir la película,
y yo el tema lo quería hacer. Entonces escribimos el libro con Abel
Santa Cruz e hice la película y ahí me largué como
director.
AS-F: Detrás
de la Mentira.
E.V.: Exacto. Y
dejé de ser actor. He aparecido en alguna película cuando
me falla algún actor o cuando hay un bolo de apuro, pero dejé de
ser actor. Había hecho muchos años teatro, mucha radio,
algo de televisión al principio, pero más que nada después
de eso ya seguí dirigiendo. Y estas películas fantásticas,
que después se rejuvenecieron, surgieron de casualidad. Cuando
las hice fue para vivir, tenía que hacerlas porque me permitían
los ingresos del exterior. Eran películas hechas para el mercado
latino de Nueva York, menos Extraña Invasión,
que se hizo en coproducción, se la llevaron los americanos y
yo nunca más tuve participación allá. Igualmente
me quedó un negativo, hice el doblaje al castellano y la estrené acá.
No pasó nada, ya la película era vieja, era el año 74.
La estrené aprovechando La Gran Aventura y
la llevé de complemento. Entonces la película recuperó algo
de los gastos del doblaje, pero la explotación americana la
hicieron ellos, sobre todo en televisión y cable.
AS-F: ¿Está al
tanto de la respuesta comercial que tuvieron tanto Extraña
Invasión como La Venganza del Sexo en
Estados Unidos?
E.V.: Extraña
Invasión no sé, a La Venganza del
Sexo sí sé que en castellano le fue muy bien.
La versión en inglés me la piratearon, yo no la vendí al
inglés. La que vendí al inglés fue Testigo
para un Crimen, que protagonizaba Libertad Leblanc.
Pero con La Venganza del Sexo me enteré después
que estaba en inglés, incluso con escenas de lesbianismo que yo no había
filmado. Fui a Nueva York y hablé con un director de allá, Frank
Henenlotter, que es uno de los famosos directores de este tipo de cine,
y él conocía al que tenía la película y me puso
en contacto, pero no tenía muchas ganas de hablar conmigo, y hacer pleitos
no tenía mayor sentido a esta altura. Esto fue hace ya siete u ocho
años. Y ahí quedó, y la película sigue siendo explotada
por ellos.
AS-F:
Respecto de La Venganza del Sexo, ¿cómo se dio
la colaboración con Norberto Aroldi en el armado del guión?
E.V.: Estábamos
haciendo un libro con Aroldi, que se llamaba Barrio
de Tango, que nunca se llegó a hacer. Era un libro
sobre un chico que ve pasar un circo y que se va detrás de ese
circo, relacionado con una canción de Homero Manzi. Estábamos
escribiendo eso en la casa de él y entonces le dije: Mirá,
tengo una película -de éstas que yo hacía
de apuro para el exterior- y quiero que vos me hagas un saxofonista.
Porque él además de ser autor era un muy buen actor. Traeme
el guión, me dijo. Se lo llevé, lo leyó,
le agregó cosas, situaciones, más que nada por la amistad
que teníamos, y me dijo: Sí, yo lo hago.
Después de eso le hice hacer el papel protagónico en La
Bestia Desnuda, el jorobado del teatro que termina siendo el criminal.
Lo que más me interesaba en ese tipo de thrillers que yo hacía
era la parte policial y el suspenso de no saber hasta el final, exactamente,
quién podía ser el asesino. Señalaba a dos o tres posibles,
y llegué al extremo en la primera, Placer Sangriento,
que la hicimos en Montevideo en diez días, de darle el libro
a los actores, como a Ricardo Bauleo, que era y es muy amigo mío,
y no decirle cómo era el final. El libro decía que el asesino
se arrancaba la máscara, que era lo que generalmente pasaba, o en el
caso de Aroldi que caía desde lo alto y se estrellaba en el piso,
pero no decía quién era. Entonces Bauleo me decía: ¿Pero
quién es?. Ah, ah, no sé..., le
decía yo. Yo sabía, pero marcaba a tres o cuatro posibles. En Placer
Sangriento fue en la que realmente dos o tres podían ser los
asesinos. Y yo me podía decidir por cualquiera, tenía chance.
En las otras no, en realidad yo sabía desde el principio quién
era el criminal. Pero estas modificaciones las hacía durante la filmación,
no ya en la compaginación. Era un juego, con películas que las
hacíamos en dos o tres semanas.
AS-F: ¿Qué mirada
percibía de sus colegas y de la crítica respecto
de esa serie de películas fantásticas, atípicas
para el cine argentino?
E.V.: Acá ni
se enteraban. Salvo con Sangre de Vírgenes,
que tuve que terminarla en Nueva York, porque cuando la fui
a compaginar me la frenaron, porque hubo un problema con un asistente
que ahora es productor, es el productor de Tango,
la película de Saura, y anteriormente hizo otra, también
sobre tango, con Raúl Juliá, Rubén Juárez y
creo que Nacha Guevara, que produjo en mis oficinas de Lavalle.
Lo cierto es que ese muchacho era asistente mío en esa época,
y no sé qué conflicto tuvo con el sindicato, que entonces
prohibió a los compaginadores trabajar en la película.
Entonces me fui a Nueva York y la compaginé allá.
Ahí conocí las moviolas de pie, que acá no existían
todavía.
Pero aun Sangre de Vírgenes no se estrenó acá hasta
años después. De cualquier forma la crítica a mí nunca
me dio pelota, y no me interesó, porque yo nunca hice cine para favor
de la crítica. El único amigo crítico que tengo es Curubeto,
tenía otro que murió, que se hizo muy amigo mío, Dominianni,
que trabajaba en La Razón.
Yo considero que el crítico no sabe lo que tiene que saber de cine para
hacer un juicio crítico real, positivo. Yo tengo un decálogo
en mi PC sobre esto. ¿Qué es una crítica de cine? La crítica
de cine puede ser para orientar al espectador o para orientar al productor
y director sobre lo que ha hecho. Pero para eso el crítico tiene que
saber muchas cosas. Porque el cine es el arte más difícil de
criticar, como la pintura. El cine tiene para criticar, por empezar, la historia,
que es la base, el cimiento. Luego tiene la dirección, porque una mala
dirección de un guión bueno puede arruinar una película,
y un flojo guión puede ser enriquecido por un buen director. Luego tiene
la interpretación: los actores pueden echar abajo una película,
o levantar su nivel con esa interpretación. Luego tiene la escenografía,
luego la fotografía, la música, el vestuario, tiene tantas cosas... ¿Cómo
un crítico puede ver una película, fundamentalmente en inglés,
si no domina el idioma? ¿Qué critica? ¿Sabés cuánto
tiempo empleás, por cronómetro, en leer una película de
una hora y media? Cuarenta minutos. Si vos ves una película de una hora
y media y cuarenta minutos estás leyendo, cuando leés no podés
ver todo. Es la única ventaja que tienen las películas dobladas,
una gran ventaja que a mí no me convence porque me gusta oír
la voz de los actores originales. Si actúa Marlon Brando quiero
escuchar su voz, no la que lo dobla. No hablemos de las películas de Woody
Allen, tenés que verlas diez veces, estás permanentemente
leyendo, es lo mismo que leer un libro. Por ahí en Manhattan y
en alguna otra película se manda algunos planos sin diálogos,
pero hablan tanto... y decime qué crítico argentino o de cualquier
país -pero hablemos de la Argentina- domina el idioma inglés
como para poder asegurar que él ve una película en inglés
y la entiende sin leerla. Entonces critican, y te dicen que si la fotografía
era o no era, que si el actor estaba bien o estaba mal, y de repente no entienden
ni siquiera el You know want I mean?, que es una frase que se escucha
cien veces en las películas americanas. Cuando yo viví en Estados
Unidos un año y medio, trabajando de inmigrante, hablaba
un inglés básico para moverme. Yo tenía un negocio, les
vendía a los tripulantes de los barcos lo que se llama el contrabando
hormiga: ropa, juguetes, los chicles globo Bazooka, que estaban de moda
en aquella época. Entonces me entendía con proveedores ingleses,
y un día un chico, de los que venía a traer las cosas, me dice: You
must know a lot of people, no?. Yo le dije: Yes, yes, yes,
por decirle yes, pero como me lo dijo dos o tres veces,
un día le dije: Just a moment. Right, please. (Comienza
a escribir sobre una hoja en blanco y repite) You-must-know-a-lote (sic)-of-people.
Y escribió la frase y ahí aprendí qué es lo que
me quería decir: Usted debe conocer a mucha gente, para
tener un negocio acá, en un tercer piso, sin vidrieras a la calle...
Cuando yo me aburro con una película, en la televisión sobre
todo -en el cine si me aburro me pongo a mirar la filmación, miro la
cámara, pesco las discontinuidades, veo si el hombro, si la cabeza,
si esto, si el cigarrillo, si la lapicera, si la mano está de una manera
y en la siguiente toma de otra, todos esos temas de continuidad, me entretengo
con eso. Pero cuando me atrapa me atrapa, y allá me voy con la película.
Pero en la televisión me gustan las películas subtituladas, porque
me hacen practicar. Leo los títulos y los asocio con los diálogos
para fijarme en la traducción. Pero si yo no leyera los títulos
en castellano, el ochenta por ciento no lo entiendo. Soy franco. Yo puedo leer
más o menos en inglés, con un diccionario que me ayude. You
know want I mean?, ¿sabés cómo se escribe? También
se lo hice escribir a aquel chico. (Vuelve a tomar la hoja, escribe y lee en
voz alta): You-know-want- I-mean? (Lo repite varias veces con distintas
pausas y entonaciones). Aparte ellos dicen (esta vez lo pronuncia imitando
el estilo americano, repitiendo varias veces con ligeras variaciones): You-know-want-
I-mean? . Yo lo escuchaba y al final se lo hice escribir (vuelve a mencionar
la frase). Un inglés en cambio no, si vos ves una película inglesa
te va a decir (pronuncia de manera clara y didáctica): You know
want I mean?. Entonces me hace gracia cuando los críticos ven
cualquier película americana y la critican, y te dicen si el actor estuvo
bien o estuvo mal, y vos decís: ¡Qué atrevidos
que son!. ¿Cómo pueden juzgar? Yo se lo digo a Diego (Curubeto),
que es muy buen crítico de cine. Además Diego sabe de
cine. Porque Diego en el fondo, aparte de ser crítico es un cineasta. Él
es un hombre de cine, es un autor de cine y posiblemente llegue a ser director
de cine, porque yo creo que ésa es su ambición. Nunca lo hablamos
esto, posiblemente por temor a que yo le diga: ¿Qué,
quiere dirigir usted? (ríe). Pero seguramente debe ser su
ambición. Él escribe, yo he leído muchos guiones de él,
ahora está trabajando en un proyecto muy importante con Isabel Sarli. Él
escribe cine, sabe cine, tiene una conexión. Es un estudioso del cine,
se defiende muy bien con el inglés, no sé si como para entender
todo, pero él es de los que ven las películas más de una
vez. Es uno de los críticos en los que yo creo. Y hay otros críticos
a los que primero tendrías que tomarles un examen a ellos. Además
existe otra cosa que es muy importante que es... (toma un sobre, coloca varios
billetes de cien pesos dentro y hace el ademán de extenderlo hacia la
fotógrafa de AS-F) ...es esto. You understand? You know? You
know want I mean? (Risas).
Eso es muy importante. Yo cada estreno de una película que hacía,
y cuando necesitaba hacer esto lo hacía. No yo, lo hacía el hombre
de prensa.
Otra de las cosas que no tiene sentido es que un crítico sea a la vez
productor de películas. Un hombre que hace prensa de cine no puede hacer
las críticas. No es ético.
AS-F: ¿Cómo
percibió usted el culto generado hacia sus películas
fantásticas tantos años después de su estreno,
no sólo en la Argentina sino también en Estados Unidos?
E.V.: Me halagó,
sinceramente. Yo no soy un tipo que ha hecho del cine una profesión
de vanidad ni mucho menos, ni siquiera me considero un artista. Yo
digo siempre que soy un fabricante de películas, y cuando lo
digo todos me dicen: ¡No, cómo decís eso! Pero
es la verdad. Yo sé hacer una película. Y tengo ideas.
Ahora tengo un guión, les voy a dar una casi-primicia, tres
minutos para que escuchen un tema (coloca un CD en la computadora y
comienza a sonar Hubo una Vez un País, canción
del guión homónimo que Vieyra tiene sobre su escritorio
y espera convertir pronto en película).
AS-F: ¿La
producción de este proyecto está en marcha?
E.V.: La producción
no, la pre-pre. Éste es el tema de la película, Había
una Vez un País.
AS-F:
El thriller político que mencionó al comienzo de
la entrevista.
E.V.: Claro, la
letra de la canción se la di a un músico, Rodríguez...
AS-F: ¿La
letra es suya?
E.V.: Sí,
la letra es mía. Es la historia de un senador que se suicida,
pero no se suic... (se detiene)
AS-F:
No puede adelantar más...
E.V.: No, porque
no quiero contar la historia todavía, no por nada. Pero fundamentalmente,
esto es una cosa de profundidad para mí, porque en la letra
estoy diciendo lo que siento, porque cuando yo digo: Había
una vez un país donde mis padres crecieron / donde mis
hijos nacieron y donde yo fui feliz, lo estoy diciendo por
mí. Yo tenía a mis padres que crecieron en este país,
mi hija nació en este país y yo fui feliz en este país.
(Recita) Había una vez un país donde podía
la gente / construir decentemente el futuro del país. / Había
una vez un país donde el bueno era premiado /y el malo
era castigado si cometía un desliz. / Había una
vez un país que cobijó al inmigrante / y hoy son
sus nietos que parten en busca de otro país. / Por eso
dame la mano, hermano, hermana / profesional o cartonero, porque
el país no se regala y hay que pelear por defenderlo. / Por
eso dame la mano, hermano, hermana / hay que luchar, patrón
y obrero / porque otro hijo, joven, muchacha, ha de nacer bajo
este cielo. / Había una vez un país sin drogas
en las escuelas.... Eso es mi vida, es lo que yo siento de
mi país en este momento. Bueno, y éste que es un guión
serio, tampoco deja de ser un thriller, porque no me gusta el alegato,
ni levantar banderías políticas. No, yo pinto una situación,
y dentro de la situación yo juego el thriller, la búsqueda
real de ese asesinato, que no fue un suicidio, fue un asesinato. ¿Por
qué lo mataron? Porque no iba a votar determinado proyecto de
ley. Y fingieron que se suicidaba. Dentro de todo eso está la
corrupción, los hechos que hubo en el país. La sinopsis
(lee): Los hechos y personajes de esta historia son de ficción,
pero tienen una similitud total con lo que ha sucedido y está sucediendo
en nuestro país desde hace muchísimo tiempo.
Eso no es ficción, es la realidad. Quiero decir que aun estos
guiones, como El Poder de la Censura, que son guiones
que ya no son exclusivamente... qué sé yo, La
Gran Aventura, o las películas de Sandro, yo
los hago porque los siento, porque tengo la profesión de hacer
películas. Yo aprendí a ser actor primero, luego, en
lugar de seguir la carrera de actor, me convertí en director.
Yo me di cuenta de que no iba a ser un primer actor, no por falta de
condiciones a lo mejor, sino por falta de máscara. Y el actor
debe tenerla para llegar. Fijate el caso de los actores americanos
que triunfan después de los cincuenta o sesenta años,
porque no tuvieron máscara o carisma para ser Di Caprio, Tom
Cruise o Harrison Ford. Ustedes son muy jóvenes y
no se acuerdan, pero el mismo Humphrey Bogart triunfó de
viejo, igual que Anthony Hopkins. A lo mejor si yo hubiera seguido
con la carrera habría sido un buen actor de reparto, pero más
allá de eso no me interesa la figuración ni la vanidad,
sí recibo bien el halago. Sufro si no gusta lo que hago. Una
vez fue a ver una película mía una mujer con un chico
de unos cuatro o cinco años, era una película de entretenimiento, La
Gran Aventura, y me sentí mal porque el chico había
salido llorando. Muchas veces también, como yo estaba en todos
los estrenos, y si alguien me señalaba y decía: Ése
es el director, alguno se me venía a quejar: ¡Cómo
va a hacer esta película!. Porque a lo mejor era una
película como Sucedió en el Internado,
que tenía muchos desnudos, mucho sexo. Y yo decía: Sí,
yo la hice, si a usted le molesta qué voy a hacer, lo siento
mucho. Eso no me halaga, lógicamente, pero tampoco
es una cosa que me complique la vida, y mucho menos me la complica
la crítica.
AS-F:
Poco después de Extraña Invasión y La
Venganza... se estrenaba en la Argentina el film Invasión,
de Hugo Santiago, que desde otra perspectiva aborda también
lo fantástico y ostenta cierta ligazón con la ciencia-ficción. ¿Vio
usted esa película?
E.V.: No la vi.
La dieron en televisión hace poco y estuve a punto de grabarla
y se me pasó. Porque yo llego tarde a casa, bah... tarde, siete
y pico de la noche. Ceno muy temprano y a veces veo un poco de televisión,
pero muy poco. Entonces cuando quiero ver alguna película, la
grabo. E Invasión estuve a punto de grabarla
porque la quería ver pero no llegué a hacerlo. La que
sí vi es La Residencia, una película
muy buena que hizo Chicho Serrador en España.
El otro día, revisando viejas películas que tengo grabadas, porque
lo que dan en cable es tan malo... no tan malo, es tan repetido que ya me cansé de
ver diez veces la misma película. A veces cuando la película
te gusta la ves por cuarta o quinta vez. Pero como yo tengo muchas grabadas,
y algunas que compré, originales, buscando me encontré con que
tenía La Residencia.
AS-F: ¿Alguna
película argentina relacionada con la ciencia-ficción
que usted rescate o recuerde especialmente?
E.V.: No... Obras
Maestras del Terror, la de Narciso, muy buena.
AS-F: ¿Y
a nivel internacional?
E.V.: Bueno, un
montón. Las de Frank Henenlotter son espeluznantes, sobre
todo algunas...
AS-F: Basket
Case...
E.V.: Sí, Basket
Case. Está muy mal él. Murió su pareja
-su pareja masculina, ¿no? Y lo encontré hace cuatro
años. Lo vi en Nueva York. Me invitaron a desayunar,
yo estaba en el hotel, y vino a desayunar y estaba muy mal. Después
me enteré por qué, creo que me dijo Curubeto.
Y lo encontré muy mal, muy desmejorado.
¿Sabés que tiene una habitación enorme llena de videos?
Me quedé mudo la primera vez que la vi.
AS-F: Él
es un fan confeso de La Venganza del Sexo.
E.V.: Sí,
le encantaba. Es uno de los tipos que más la promocionó,
me ha pedido afiches incluso. Y si vos me preguntás cómo
salió esa película... La idea original es lo interesante,
si es que hay algo original en la vida todavía, o en este mundo.
La idea posiblemente sea lo más original: que de la copulación
surja la sangre que lo hace vivir a este científico loco. Ése
es todo el pequeño argumento de la película, todo lo
demás es thriller.
AS-F:
Sin olvidar al cerebro enfrascado...
E.V.: Bueno, sí,
el cerebro que habla es una idea loca. Se reía Aroldi cuando
se la contaba y me decía (imita la voz de Aroldi en ese
papel): ¡Yo te hago el cerebro, yo te hago el cerebro! (risas). Aroldi era
un tipo sensacional y un muy buen actor. Escribíamos en un departamento
que él tenía. Era hincha de River fanático
y yo hincha de Independiente, en esa época fanático
también. Independiente y River eran dos rivales
terribles en esa época. Él vivía en un departamento
que tenía muchas cucarachas, entonces a una cucaracha le había
puesto el nombre de un jugador de River de aquella época
(risas), no me acuerdo cuál, y a la otra yo le puse el nombre
de un jugador de Independiente. Pero no eran las mismas cucarachas,
porque todos los días se renovaban. Entonces me decía: ¡Mirá,
mirá, ahí nos vino a visitar no sé, Distéfano.
No era Distéfano porque Distéfano era anterior,
y yo le decía: Mirá, tené cuidado que
allá viene... y le nombraba uno de Independiente.
Era divino, le ponía nombre a las cucarachas. Era un tipo sensacional.
Y cuando hacía un gol River salían a gritarle
desde todos los departamentos, porque hacía unos escándalos...,
salía a la ventana y gritaba como un loco. Fanático-fanático.
Yo lo quería mucho. Y ahora está la viuda de él
acá en Argentores, es pensionada nuestra, y siempre viene,
la saludo y nos acordamos de él. Murió joven lamentablemente,
un gran tipo.
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