Argentina Sci-Fi: ¿Cuál es para vos el primer acercamiento, el primer gesto que recuerdes de la cinematografía argentina para con la ciencia-ficción?

Fernando Peña: Habría que ver... puede haber alguna película que se me esté escapando, porque además una cosa es el fantástico, otra cosa es la ciencia-ficción. Hay mucha gente que habla de “El Crimen de Oribe”, que es una película que más que nada tiene que ver con lo fantástico, y no con la ciencia-ficción. A mí me pasó lo mismo con “Invasión”, aunque tiene un poco más de cosa tecnológica: el aparato que le dan a Olga Zubarry que no se sabe para qué sirve..., hay un vínculo más próximo, pero aun así Santiago es muy preciso en hablar de fantástico, y no de ciencia-ficción. No hay especulación futura, ni nada donde intervenga lo científico, ni ninguna de las cosas que normalmente se asocian con el tema de la ciencia-ficción. Quizá hay un bodrio de Emilio Vieyra que se llama “Extraña Invasión”, por ahí por ese lado habría que ir mirando, no sé si es la primera pero... yo pensaría por ahí. Está muy poco revisado el tema, está la de Aníbal Uset, “Che, OVNI”, que es otro disparate, y otra de Vieyra, “La Venganza del Sexo”, que si bien si uno se pone riguroso tendría más que ver con el terror, no hay vampiros ni nada por el estilo, sino cosas que tienen que ver con procedimientos científicos que salen mal. Con lo cual la ciencia-ficción está implicada. Y yo no sé si hay algo anterior; como toda cosa que se conoce mal, el cine argentino es medio una caja de sorpresas, así que si uno se pone a mirar resulta que capaz que en los '50 hay algo, no sé. Fantástico sí, además de “El Crimen de Oribe” hay una película de Torres Ríos que se llama “El Regreso”, hay varias, hay otra también de Torres Ríos que se llama “Santos Vega Vuelve”, que es básicamente sobre el fantasma de Santos Vega, que le habla a un heredero de él, para que este heredero contemporáneo venza al demonio. Para eso tiene que encontrar la guitarra original de Santos Vega... es muy interesante, porque hay una relectura de la leyenda que está buena, y tiene humor la película, medio raro pero humor al fin. Entonces, hablando de dos cosas que son bastante inusuales en el cine argentino, lo fantástico por un lado y la ciencia-ficción por el otro, creo que lo primero se ha trabajado mucho más que lo segundo.

AS-F: Tal vez habría que mencionar la versión de Soffici de Jekyll y Hyde...

F.P.: Tenés razón, Jekyll y Hyde es un relato de ciencia-ficción. Pero estoy pensando en viajes en el tiempo, hombres invisibles, cosas más o menos clásicas relacionadas con la ciencia-ficción y no se me ocurren.

AS-F: Los mitos fundacionales de la Sci-Fi raramente han sido abordados por el cine argentino, y generalmente en el tono más pedestre de lo paródico; allí sí encontrás hombres invisibles, pistolas de rayos varios, mad doctors, que abundan en films tipo “Los Parchís contra el Hombre Invisible”...

F.P.: ... o “El Hombre Invisible Ataca”.

AS-F: Claro.

F.P.: Lo que sucede es que cuando llegan acá están muy lejos del origen, y llegan tamizadas por una serie de cosas en el medio entre las que yo no dejaría de mencionar lo que serían las series de televisión de los ´50 y los '60, que eso sí se vio mucho acá y que sin dudas debe haber generado una influencia. “Rumbo a lo Desconocido”, “La Dimensión Desconocida”, son series que acá se vieron bastante. Eventualmente después “Los Vengadores”, pero sobre todo “Rumbo a lo Desconocido” y alguna otra que ahora se me escapa, “El Túnel del Tiempo” también. Entonces me parece que esas series hacen que todo lo que tenga que ver con la ciencia-ficción, en general, en la representación audiovisual, se asocie inmediatamente con lo juvenil o hasta lo infantil. Entonces los contenidos adultos de las fuentes originales, en el medio se pierden. Suponte, el hecho de que tanto “Drácula” como, sobre todo, “Dr. Jekyll and Mr. Hyde” hayan sido en su momento reacciones contra la moral victoriana a esa altura a nadie le importaba. Aunque hoy una relectura como “Mary Railly” lo toma eso. Pero en ese momento acá nadie se tomaba en serio nada. Además, acá no hay una predisposición muy importante hacia lo no racional, o sea creemos que somos unos racionalistas bárbaros y nos va como el culo, digamos. Como todo lo que tenga que ver con nuestras tradiciones en general, me parece que no está para nada aprovechada la zona de lo no racional, o de lo intuitivo, no veo que nadie se lo haya tomado demasiado en serio, en cine. Salvo algunos casos que decíamos antes, como Torres Ríos e inclusive algunas cosas de Torre Nilsson que sí. Entonces al trivializarlo para el consumo infantil pasan todas esas deformaciones que vos mencionabas antes. En cambio en literatura es más normal asumir la seriedad de la ficción científica. Philip Dick, todo el mundo lo respeta, Bradbury... Y aun así, sobre todo en tipos como Bradbury, muchas veces persiste el prejuicio de que se trata de literatura juvenil, como antes era “Sandokán”. Bueno, en términos de parodia y con el mismo sentido de lo juvenil hay una película de Los Cinco Grandes del Buen Humor que se llama “El Satélite Chiflado”...

AS-F: Iba a mencionártela.

F.P.: ... que ésa sería anterior a todo lo que veníamos diciendo antes. Ésa por ahí es la única, y tiene un referente directo en las películas de Abbott y Costello, habría que ver si “Abbott y Costello en Venus” es anterior o no, pero creo que...

AS-F: Es dos años anterior.

F.P.: Claro, lo notable en “El Satélite Chiflado” son los efectos, están muy bien hechos.

AS-F: Puede decirse que es una de las pocas películas argentinas cuya iconografía remite muy claramente a la ciencia-ficción americana de aquella época.

F.P.: Bueno, pero eso es por el consumo de la cultura popular americana. Ver una cantidad de películas de platos voladores deriva en que acá alguna vez se va a hacer -con Los Cinco Grandes del Buen Humor, no en serio. Vos fijate que en el cine legítimo mismo, no hay demasiados ejemplos de ciencia-ficción respetables, son más bien poquitos, “Metrópolis” y después durante veinte años pará de contar, alguna que otra por ahí, “Thing to Come”, pero son cosas que tenés que ir a buscar muy precisamente, la primera versión del Dr. Jekyll...

AS-F: Casos muy puntuales.

F.P.: Sí. Después sí, por ejemplo en los '50 tenés al mismo tiempo muchísima basura, películas hechas para explotar la cuestión de la paranoia anticomunista y ese tipo de cosas, o aparece un monstruo al que le va bien y entonces aparecen miles de monstruos similares, todos los cuales básicamente son réplica y no pasa nada. No hay muchas “El Día que Paralizaron la Tierra”, una película con un planteo serio sobre un montón de cosas.

AS-F: O como “Body Snatchers”.

F.P.: O como “Body Snatchers”, películas que tienen una mordiente fuerte en temores muy reconocibles.

AS-F: Incluso a nivel ideológico se mostraba como la contracara de todos los panfletos anticomunistas que proliferaban en la época.

F.P.: Para mí las dos películas. Mucha gente dice que “Los Ladrones de Cuerpos” es todo lo contrario, que es una película anticomunista y yo creo que no, más porque el tipo que la escribió, que se llama Daniel Mainwaring, era perseguido por comunista. Entonces él, para mí lo que hizo, bueno, para mí no, lo que él dice que hizo fue una especie de representación de la angustia que él sentía cuando iba a hablar con gente para pedirle que le dieran una mano, y esa gente que antes conocía y que era de una determinada forma de golpe era de otra. Esa cosa de la mirada vacía, que es aterradora, me suena más parecida al reflejo de esa experiencia que a la denuncia de un comunismo deshumanizante y esa cosas que se han dicho después.

AS-F: En la llamada “Edad de Oro” del cine argentino, en la que se consolidó la industria y se exportaban películas al resto de Latinoamérica, incluyendo a México, se desarrolló un cierto cine de género, como las comedias o el policial negro. Sin embargo, los géneros que adscriben al Fantástico, y entre ellos la ciencia-ficción, no gozaron de ese impulso, digamos desarrollista. ¿Cómo ves esa cuestión?

F.P.: A mí siempre me queda la duda de que nos estemos olvidando de algún título raro. Igual si así fuera no va a ser más que eso, un título raro y una excepción. Pero me parece que eso tiene que ver con lo que decíamos antes, con la dificultad nacional para aceptar o dar por serias especulaciones no racionales o vinculadas con lo no racional. Fijate que la tradición del fantástico que reivindican Borges y Bioy Casares es muy hiperrealista: en “Invasión” filmamos Buenos Aires que no es Buenos Aires pero es Buenos Aires, y todo lo que se ve es pero no es, hay una sensación de extrañamiento y de otras cosas pero es Buenos Aires, no se inventa nada raro. Entonces me parece que hasta en esas tradiciones que tenemos cuesta mucho despegarse de lo racional, o de lo cotidiano, hay como mucho escepticismo en el argentino promedio, me parece. Digo, siempre el fantástico, la ciencia-ficción, implican algún grado de fe, ¿no? O de disposición a creer en algo.

AS-F: Sería como subir un punto más la suspensión de la incredulidad en relación a otros tipos de cine.

F.P.: Sí, seguramente alguien lo pueda explicar mejor que yo, habría que pensar en otras disciplinas, no específicamente la crítica e historia del cine, tal vez un sociólogo vendría con otra explicación, probablemente más certera del fenómeno, no sé. Pero mi impresión es ésa. Incluso donde ciertas películas de ciencia-ficción interesantes patinan es en el animarse a hacer de una manera strake, o seriamente, un planteo fantástico. Caso, “La Sonámbula”, que a mí es una película que me gusta mucho, pero las actuaciones son lamentables, porque él necesitó ir al expresionismo, no confió en que manejando un registro de interpretación realista -como el que sí tiene Poncela (por eso funciona)-, iba a ser creíble. No, él tenía que hacerlos exagerar, entonces aparecen Quinteros y el otro pelotudo de Patricio Contreras haciendo una cosa que se va de borda desmesuradamente. Me parece que ése es un problema que afecta a películas como ésta, después tiene un planteo formal muy interesante, me gusta a mí; de vuelta con lo cíclico y con lo que en realidad es pero no es... O sea, el mundo fantástico tiene un límite muy definido. Pero me parece que pasa por ahí, que nadie se cree demasiado nada. Sino es el grotesco, “Titanes en el Ring”, donde todo está permitido, o las películas de Vieyra que son abiertamente malas, entonces nadie se preocupa en tomárselas a priori demasiado en serio.
Patapúfete” tiene algo de ciencia-ficción también.

AS-F: Sí.

F.P.: Estoy tirando títulos que voy recordando.

AS-F: Me preguntaba, más allá de este corpus escaso, si los ejemplos que sí hay no patinan -tomando la palabra que vos usaste- por la ausencia de un intento en pos de una temática, una narrativa y una mitología propias, como si hubiera una apropiación exacerbada del cine yanqui e incluso también se tropezara en este sentido.

F.P.: Es cierto que se apropian, pero todo debe tener un equilibrio. Cada vez creo menos en la polarización, no me parece que todo sea a causa de una sola cosa. Pienso en “El Eternauta”, ¿por qué funciona “El Eternauta”? “El Eternauta” está inspirada en miles de fuentes extranjeras, desde literarias hasta cinematográficas, hay un montón de películas que uno puede reconocer -empezando por “La Invasión de los Ladrones de Cuerpos”- en “El Eternauta” como formando el tono de la obra. Lo que pasa es que hay un equilibrio entre esas influencias y algo de orden muy local, que es esta cosa “te juego con lo cotidiano”, que después vuelve a intentar “Invasión”, con los lugares, el redescubrimiento de la ciudad como un espacio que de pronto puede ser ominoso, esos contrastes entre los gurbos -bichos rarísimos- y la Avenida Santa Fe, esas cosas que son muy poderosas, los escarabajos y la General Paz, una batalla de tipos disfrazados en medio del estadio de River, es un espacio de todos los días extrañado de una forma expresiva interesante. Yo creo que ahí está totalmente logrado, pero no diría que no hay una influencia extranjera, de modelos extranjeros...

AS-F: Desde ya.

F.P.: ... creo que la hay totalmente. Pero se impone lo local. O el equilibrio entre las fuentes extranjeras y lo de acá. Yo no creo que no haya una tradición local, sino que nos falta vincularnos con esa tradición. Me parece que eso pasa en todos los órdenes de la ficción en general. ¿Cuál es nuestra épica, por ejemplo? Necesitamos una épica como nación, que no la tenemos. Los americanos tienen el western, ¿nosotros qué tenemos, La Conquista del Desierto? Y... es un poco más chota, y en realidad es lo mismo, la conquista del indio, el exterminio... Y nadie se ha animado a meterse ahí a contar algo que tenga equilibrio, que contemple el lado del invadido y del invasor, y le dé un marco de aventuras, podría ser perfectamente. Como era, por ejemplo, “El Sargento Kirk”, que era un western, pero que si lo trasladamos a La Conquista del Desierto funciona. Debe haber habido inclusive algunas historias ambientadas ahí, yo he leído, no sé si de Oesterheld, pero historias ambientadas en La Conquista del Desierto donde el indio recibe el mismo tratamiento que en los westerns evolucionados y es un tipo con su cultura, cuyo exterminio es una tragedia, y que en un plano individual combate mano a mano con el héroe, con el protagonista, y si es vencido, lo es en todo caso de una manera respetuosa y trágica. Yo he leído historietas de ese tenor, pero no he visto películas así. Entonces me parece que esa falta que vos decís se da en todos los órdenes de la ficción, no solamente en la ciencia-ficción. En todas las historias nos falta vincularnos con un sentido épico que no creo que no tengamos pero que está perdido. Por ahí habría que retomar a los escritores de fines del siglo XIX, principios del siglo XX, como para reencontrarnos con ese tipo de cosas. Me daría mucha curiosidad ver reeditados los folletines que se escribían acá, historias urbanas, de crímenes, y de misterio. Esas historias son muy interesantes. Donde se ha mantenido también, aunque no constante, una cierta tradición es en el policial, allí sí hay caracteres mucho más definidos. No es que haya habido muchísimos tampoco, pero por ejemplo “Apenas un Delincuente” es muy argentino, no podría haberse dado en ningún otro lugar; “La Parte del León” tiene ese mismo tono local, y “Nueve Reinas”, salvo el epílogo, creo que también. Entonces hay en el policial negro una cosa que sí se ha relacionado con lo local, pero en otros géneros no. En el melodrama yo creo que sí, en la comedia yo te diría también que sí, pero aun así no van demasiado atrás tampoco. O sea, no hay un buscar una tradición, nadie va a redescubrir “Amalia”, a ver realmente qué pasaba ahí, y leerla nuevamente a ver qué onda, ¿no? Por eso me pareció interesante lo que hizo Caetano con “La Cautiva”, volver sobre los viejos relatos nuestros a ver qué pasa, yo creo que eso es algo por hacer. Y yo creo que ahí también hay raíces de lo fantástico, para relacionarse con la ciencia-ficción. “Sherlock Time”, urgente algo con “Sherlock Time” hay que hacer. Es buenísima la historieta ésa, es de Oesterheld con dibujos de Breccia. Tope, lo más. Y bueno, con esos precedentes, con “El Eternauta” es todavía más terrible que no se haya hecho nada, o que cuando se piense en hacerlo se piense siempre en términos de superproducción. Aristarain dice que no se puede filmar “El Eternauta” porque cuesta mucho. Bueno, pero Caetano decía que le gustaría también hacer “El Eternauta” pero en vez de nieve con lluvia, y en lugar de hacerlo con un grupo de gente de clase media de Vicente López lo haría con proles de Burzaco, y todo en un colectivo transcurre...
(Risas)
... y se puede hacer. No hace falta efecto especial.

AS-F: Ése parece otro estigma, ¿no?, eso de que el abordaje de cualquier proyecto que tenga que ver con el Fantástico, y particularmente con la Sci-Fi, implica costos desmesurados y FX proveídos por el Pentágono, más o menos, cuando en realidad films como “Invasión” demostraron hace ya mucho tiempo que esto no es así.

F.P.: La cosa pasa por poder dotar de otro carácter a lo cotidiano. Si vos lográs eso no importa con qué herramientas lo lográs. Yo entiendo y justifico el uso de los efectos especiales cuando vos querés presentar todo un universo distinto, como en la última de Spielberg, “Minority Report”...

AS-F: “Matrix”...

F.P.: Claro, entonces necesitás hacer todo un universo verosímil y ahí el efecto especial te es indispensable.

AS-F: A veces es eso, y muchas también es el parche a esa impericia para generar el extrañamiento de lo cotidiano al que hacías referencia.

F.P.: Es que nada te garantiza... mirá las últimas de Lucas, no se pueden ver, ¡no se pueden ver!, es increíble, el tipo que redefinió la ciencia-ficción cinematográfica durante los '70 es incapaz de hacer ya nunca más, o sea no puede, no le sale. Ya no es una, dos no le salieron. Ya no le sale. Entonces me parece que acá no se ha planteado seriamente el tema; por una desconfianza, por exceso de escepticismo, o por falta de imaginación tal vez.

AS-F: Respecto de la actualidad argentina del género, se observan dos corrientes diferenciadas dentro de la poca producción existente: por un lado las entregas más mainstream, entre las que incluiría “La Sonámbula”, los intentos de Spiner en general, hasta incluso “Moebius”, amén de su esfuerzo independiente y demás; y por otro lado las realizaciones marcadamente underground como las de la gente de FARSA Producciones, las “Plaga Zombie”, o una película de este año que es “Attack of the Killer Hog”. Me interesa saber cómo vislumbrás esa virtual brecha, o la distancia que hay de una expresión a otra.

F.P.: Sucede que no los veo como parte de un mapa, sino como esfuerzos únicos y aislados. Cada uno fundando, en lugar de sumar. Me parece que lo que intentó hacer Spiner fue un esfuerzo continuando experiencias extranjeras, como “Alphaville”, y otras películas también. Pero no las veo en relación entre sí. Los cineastas argentinos tienen mucho de eso también, es más fácil que se referencien en otro cine que que se referencien en el nuestro, entonces me parece que no hay un vínculo. En todo caso me parece que el esfuerzo de Spiner por lograr que el universo de “La Sonámbula” fuese verosímil por los efectos con los que contaba y por la tecnología con la que contaba es el mismo, y en todo caso para mí produce resultados igualmente valiosos que el de los pibes de FARSA. La otra que mencionaste no la he visto, pero “...Zona Mutante” me pareció un laburo agotador, y algo de una enorme energía. Yo la película la he pasado varias veces acá en el MALBA, se las paso a los chicos en las clases de Historia del Cine, pibes de dieciocho, diecinueve años, y salís... tiene una polenta la película... es una cosa muy rara de ver en el llamado cine bizarro argentino. Y me parece que es porque ellos a priori no hacen la asociación esa tan común entre lo bizarro y lo malo, que puede ocurrir, como en el caso de Vieyra, pero que no tiene por qué estar dado de antemano, sino que básicamente laburan para obtener un resultado que sea coherente con su propia propuesta, y ya eso es bastante difícil de conseguir. No vi esta otra que mencionás, pero me parece que los dos esfuerzos son igualmente válidos. Yo en su momento les di la misma atención. Le hice una entrevista a Spiner larguísima y les hice una entrevista a estos pibes larguísima. Me parece que tener más o menos guita... si estos pibes tuvieran más guita yo creo que harían lo mismo más rápido, en todo caso.

AS-F: En un cine como el nuestro, donde el concepto de auteur está tan arraigado, ¿notás un prejuicio por parte de los directores, una reticencia a adentrarse en cualquier tipo de contexto genérico? Digo, como si eso fuera a desmerecer la obra de que se trate.

F.P.: Sí, es así.

AS-F: Incluso como si hubiera un mutuo repelerse, ya que muchas veces el director que se ubica en el lugar del género también reniega del llamado cine de autor.

F.P.: En el cine argentino hay una cantidad muy abrumadora de cajas. Vos tenés que estar situado necesariamente en alguna caja, y yo noto esa opresión sobre el realizador, tratan todo el tiempo de esquivarle el bulto a la caja, y la mejor manera es siempre la del autor, que también es una caja. Finalmente en el cine argentino han devaluado el concepto de autor hasta el ridículo. Por no animarse a hacer bien, o por no saber hacer bien género, resulta que todas las películas son de autor y en un 90% son prescindibles. Ni siquiera te diría malas, prescindibles.

AS-F: Pienso en Raúl de la Torre.

F.P.: Bueno Raúl de la Torre es como la devaluación total...
(risas)
... pero Raúl de la Torre tiene tres o cuatro películas iniciales que son muy importantes, “Juan Lamaglia y Sra.” está muy bien, “Heroína” es increíble. El tipo fue capaz en un momento de hacer un auténtico cine de autor, con un contenido que sostuviera esa posición autoral. Pero después es cierto que ... Además, en busca de una explicación atribuyámoselo de una manera facilista al individualismo local que es muy importante, o sea acá hay un sesgo descomunal. Y siempre trabajar con géneros te obliga a una disciplina mucho más rigurosa que la creación autoral. Me imagino que todo el mundo se cree en un punto autor, y por lo tanto capaz de generar y basar una obra en su propio e intransferible universo personal, digamos. Pero es mucho más difícil, me parece, laburar sobre un género predeterminado que tiene reglas más o menos definidas, pero que hay que saber manejar. Vos no podés hacer rápidamente un western, y que te salga bien. No, tenés que estudiar el tema, ver de qué forma le encontrás la vuelta, adaptarlo a la cosa local. Lo mismo que la comedia, Schlieper hizo comedias brillantes en toda la década del '40 y del '50, pero se vio todo Lubistch antes, y aun así lo que hizo no era una imitación de Lubistch, sino que era una cosa muy de clase media alta argentina, pero porque la conocía profundamente. Entonces hace falta una serie de elementos que acá simplemente no se manejan, y por lo tanto el autorismo... ahora, eso no quiere decir que todo cine de autor, por ser tal, sea una cagada. Con esa excusa la crítica contemporánea suele aniquilar al cine de la generación del '60, que en ese momento fue muy necesario. Un tipo como David Kohon es un autor auténtico, es un tipo que no puede filmar otra cosa que no sea eso, como ahora le pasa a Lucrecia Martel. Ahora, fijate cómo pasan cosas interesantes: “La Ciénaga” es una película que para mí, y es una opinión personal, trabaja con las angustias y con todas esas sensaciones muy epidérmicas que te produce el buen cine de género (el cine de acción, el cine chino, el cine de ciencia-ficción), que te sacude mucho más epidérmicamente que cerebralmente, y no estoy diciendo nada peyorativo, hablo de la sensualidad. Y yo creo que “La Ciénaga” es una película así. Aun cuando no pertenece a género ninguno, pero todo el tiempo estás sometido a algo que no es racional, que no pasa por tu razón. Es una película muy difícil de intelectualizar “La Ciénaga”. Yo he leído críticas sobre la película y para mí no me la definen. Porque, como en las buenas películas de género, no podés definirla. Yo me sentí como en una película de Dario Argento, sin que haya nada sobrenatural, sin que intervenga ningún vampiro, sin que aparezca una persecución ni nada, la sensación ominosa de mucho buen cine de género yo la sentí presente en la película desde el principio hasta que cae el pibe muerto. A mí me mató esa manera de laburar con los efectos del género, ya no con el género sino con los efectos que el género produce. Que es lo mismo que, para mí, hace Caetano con “Bolivia”, y que como no es la intención del director, no es tan notable, pero también hace lo mismo. Caetano cuenta una historia absolutamente clásica -clásico hasta la médula es Adrián-, por esos resquicios creo que pasa la clave. “Pizza, Birra, Faso” yo creo que es una película de género, tiene muchas cosas de género. “Los Traidores” es una película que tiene género. “Los Traidores” es una película política de los '70, tiene melodrama, tiene policial, tiene comedia, tiene humor, y dentro de todo es una película militante, pero labura con arquetipos de género de una manera totalmente deliberada porque lo que trata de hacer es comunicarse con el espectador de una manera muy directa, muy clara. Entonces, como opción, Gleyzer va y apela a los géneros. Así que yo creo que ese problema de las cajas merece más estudio; porque me parece que muchos tipos se inhiben directamente, no se animan a meterse en el género; o bien hacen lo contrario, que es justificar lo que sea que se les ocurra diciendo “es de género”. Es una actitud demasiado autoconsciente para que salga bien. No es que está dado algo porque es de género, no es que si vos filmás una película de terror necesariamente tenés que poner a la chica en peligro en dos minutos porque el género te lo pide. El género no te pide nada, más que ciertas pautas que son de forma.

AS-F: De las que partir.

F.P.: Claro, de partida y de forma. Y nada más. Qué sé yo, en un western tiene que haber caballos y revólveres, sino no es un western, es otra cosa. Pero son cosas muy elementales. Y después una serie de cuestiones que tienen que ver con cosas mucho más universales. La épica no creo que sea propiedad de nadie, como el clasicismo no creo que sea propiedad del cine norteamericano, el clasicismo es algo que viene, no sé, de los griegos, qué sé yo, me parece que les hacemos un favor a los americanos “regalándoles” el clasicismo. ¿Por qué es americano? Yo no creo que sea americano. Pero acá hay mucho de eso, mucha inhibición, y hay como una hipercrítica de los realizadores mismos en relación con lo audiovisual. En todo caso me parece que tanto en los realizadores como en la crítica que los cuestiona falta mucha conciencia histórica. No hay relación con el pasado ninguna. Y no se puede construir nada desde la ignorancia, no hay manera. Y yo creo que muchos cineastas son ignorantes. No podés edificar una obra sin conocer el medio en el que te estás moviendo, y parte de conocer el medio es conocer cine. Y no Visconti, Antonioni y cuatro o cinco pelotudos más, es meterte a ver todo, lo que se pueda. Y entonces ahí vas a salir con una idea, “ah, esto ya se hizo”, ¿viste?, o: “no estoy inventando nada”, o “esto pasa por acá, esto pasa por allá”, o “este tipo me da ciertas herramientas que me sirven”. Eso yo no lo veo. Lo veo en muy pocos tipos.

AS-F: Hablábamos hace un rato de la falta de anclaje en una épica propia, no sólo en la ciencia-ficción, sino en el cine argentino todo. ¿Podrías mencionar ejemplos en contrario, ahora sí puesto el foco sobre la Sci-Fi, de países cuya producción en el género se revele como un cine situado, anclado en la propia realidad, historia y acontecer de ese pueblo x, sea el que fuere? Exceptuemos el previsible ejemplo norteamericano.

F.P.: Los chinos. Los chinos, los japoneses, son tipos que manejan códigos muy propios, y me parece que la relación con la cultura la han mantenido siempre, nunca la perdieron. Entonces vos ves en las películas de los tipos cosas que no ves en ninguna otra parte de Occidente. ¿Por qué? Porque les pertenecen a ellos. Nunca resignaron... tienen una relación con la historia y con la cultura de ellos mucho más intensa que la mayoría de los pueblos de Occidente y nosotros en particular. Bueno, nosotros somos un híbrido. Francia no produce cine de género, pero tal vez por la misma razón que nosotros, también son muy egocéntricos, muy individualistas, ferozmente individualistas, entonces por ahí se explica por allí también. Pero los daneses sí tienen una tendencia al fantástico interesante, los suecos también, las películas de Bergman están llenas de demonios...

AS-F: “Haxan”...

F.P.: Bueno, eso es danés, era un danés demente que no era un tipo descolgado de nada, sino que uno puede encontrar en las películas primitivas de esa época una cantidad de referencias al demonio, a la brujería, a mitos fantásticos, y más con eso que con la ciencia-ficción, me parece que los tipos ahí sí se vinculan con una tradición propia.

AS-F: Los países nórdicos tienen una fuerte tradición relacionada con temas fantásticos.

F.P.: Ponele que con el tiempo se haya diluido, pero, por ejemplo, el imaginario que los alemanes generaron en la década del '20 sigue influyéndonos hoy en día. Y aun cuando se apropiaron de historias no alemanas, como Nosferatu, las germanizaron. Bueno, los mexicanos, aunque no con la ciencia-ficción -cuando se metieron con la ciencia-ficción siempre fue algo infantil o juvenil-, pero tienen películas de vampiros que son increíbles, y que aparte son absolutamente mexicanas. No tratan de europeizar al vampiro, sino que lo mexicanizan totalmente. O tienen directamente criaturas de ellos, La Llorona, las momias de Guanajuato, esas cosas rarísimas que son totalmente de ellos y que no vuelven triviales las películas. Las películas mexicanas de vampiros, formalmente, están hechas tan seriamente como las de la Hammer, lo que pasa es que empiezan a aparecer cuestiones con lo religioso-católico, cuestiones populares mexicanas que están totalmente ausentes en las películas inglesas, que son mucho más formales en ese sentido. Yo creo que esos serían ejemplos, tipos que no dejan género con cabeza, que no se asimilan, sino que asimilan el género a la cultura de ellos y lo difunden. Hay que buscar siempre ejemplos en lugares que tengan mucha producción, el género se da como tal en general, en los lugares donde hay estudios y donde la producción es de tipo industrial. Habría que ver que pasa en la India. Pero México, China, Japón, son ejemplos posibles.

AS-F: Como corolario, una propuesta casi lúdica: películas de ciencia-ficción que estén entre tus favoritas.

F.P.: A mí me cuesta mucho hacer listas.(Piensa unos segundos) “La Invasión de los Ladrones de Cuerpos” seguro, “El Día que Paralizaron la Tierra” me encanta, “Metrópolis” es una maravilla total. “La Guerra de los Mundos” me gusta mucho. Bueno, son películas de terror, pero en la medida en que plantean un apocalipsis explicado de una manera vagamente científica, las tres películas de Romero sobre los muertos vivos me parecen impresionantes. Me gustó muchísimo la película que hizo Kasdan sobre Stephen King, “Cazador de Sueños”, es genial, y eso que a mí Kasdan no me gusta. No sé si está entre mis favoritas, pero me pareció una película súper respetable. Hay tantas... es un género que yo disfruto mucho. La primera película de Carpenter es una risa, “Dark Star”, maravillosa.

AS-F: ¿Qué opinión te merece "THX1138"?

F.P.: En el momento en que la vi me gustó, ahora le tengo tanta bronca a Lucas que por ahí no me gusta más...
(risas)
... pero en ese momento me había gustado. Por esa zona hay varias películas, “Soylent Green” era una película interesante. Y “El Planeta de los Simios”, una gran película. Es una época en que la ciencia-ficción es tomada en serio, los estudios ponen guita...

AS-F: A propósito, ¿que te pareció la remake de “El Planeta de los Simios”?

F.P.: Es una cagada. Es una película que no me gustó nada-nada. No le pude entrar por ningún lado. “Marte Ataca” está buena, es como una “Guerra de los Mundos”, está todo bien con “Marte Ataca”.

AS-F: Volviendo a remakes como la de “El Planeta de los Simios”, a veces tengo la impresión de que tomaran nota de todos los puntos de interés que pudiera haber revestido la original, para luego, con precisión quirúrgica, extraerlos sesuda y concienzudamente uno a uno.

F.P.: Hacerla pelota.

AS-F: Es el momento justo para preguntarte finalmente por películas del género que detestes, por cualquier motivo, contenido ideológico, torpeza realizativa...

F.P.: Bueno si es por eso hay un montón, pero... no sé, uno trata de hablar de las cosas que le gustan, y las que no le gustan uno las arroja a las tinieblas exteriores. No sé, no se habla más de esas películas...
(risas)
... bueno, “Episodio I” y “Episodio II” las detesté profundamente, y ahora “X-Men 2”, es una cagada, aburrida, larga y pelotuda, con mucha bronca lo digo, porque la primera me había gustado mucho, me dio como expectativas, a mí los comics de Marvel siempre me alucinaron y nunca los habían hecho bien, en nada: la serie “Spiderman” era una mierda, el dibujo animado era choto, pero no era tan malo como la serie, la serie era horrible. La película de Raimi me gustó, entonces pensé: está pasando algo con Marvel. “X-Men” me gustó mucho, entonces estaba con mucha expectativa con esta película, Bryan Singer otra vez... , los héroes son supercarismáticos, unas minas bárbaras, entonces esperás algo de historieta lindo. Y no, una porquería de principio a fin. También, ahí tuve la sensación que vos describías, de que todo lo interesante y lo divertido que podía llegar a tener es como si deliberadamente lo hubieran evitado. Y lo que era sutil y estaba apenas subrayado, no, todo enfatizado mal. En general odio las películas hipócritas, y no me molestan tanto las películas fachas, como “Día de la Independencia”, que es obviamente fascista, pero bueno... ¿qué podés esperar de esos tipos? Esa película no me molesta tanto...

AS-F: Lo es tan abiertamente que...

F.P.: Claro, qué me importa. Es como Leni Riefenstahl, bueno qué sé yo, qué querés, vieja loca nazi
(risas)
... qué te va a hacer, está bien, gente que desfila, si te gusta miralo. Francamente es algo deleznable. Pero es tan abiertamente deleznable que no pasa nada. Ahora, las películas que fingen una cosa y son otra, y tienen un discurso tan enrevesado, que se esfuerzan tanto en quedar bien con la mayor cantidad de gente posible a mí me causan rechazo. Con muchas películas argentinas me pasa, con “Nueve Reinas” me pasó eso. Es una película que viene bárbaro y tiene que estar ese final choto, ¿entendés?, que le resta universalidad a la cosa. ¡¿Por qué?! Sobre todo cuando si no hubiera estado ese final la película habría sido profética, termina con un banco que se cae. ¡Loco!, es lo que pasó acá seis meses después de que se estrenara la película, hubiera sido bárbaro. Eso era posible acá, eso uno veía la película y lo sentía posible, digo, si el tipo la termina acá ¡es un genio!
(risas)
Y no, la tuvo que seguir. La especulación me molesta, sobre todo cuando se vuelve demasiado visible. Después disfruto muchas cosas pedorras también, “Star Trek” me vuelve loco, me encanta, nunca me pude deshacer de esas cosas.

AS-F: Ese disfrute de lo absurdo...

F.P.: Sí, pero porque llega un punto en que son cosas hechas con tanto rigor... Yo leía la biografía de William Shattner, que me cagué de risa, y el tipo cuenta que Leonard Nimoy se tomaba el laburo como si estuviera haciendo “Hamlet” todos los días. Y entonces “qué cosas haría el vulcano” y “qué no haría”, y vos notás ese resultado y por lo tanto los personajes son mucho más vivos y mucho más divertidos que un montón de otras series que se hacían al mismo tiempo y que no pasó nada. Cosas incluso interesantes, “Cosmos 1999” yo me acuerdo que tenía unas imágenes alucinantes, pero los personajes no me terminaban de cerrar. En cambio lo de “Star Trek” era una fiesta, tomar la leche con “Star Trek” era buenísimo, podía pasar cualquier cosa, te reías, había una cosa de diversión que estaba buena. Como “Batman”, era divertido. El “Batman” serio, por ejemplo, yo nunca me lo pude comer. En la segunda sí, pero por todo lo que tiene alrededor, no por Batman en sí. O sea, Gatúbela es impresionante, todo lo que está alrededor, el personaje que hace Christopher Walken, que es muy bueno, Danny de Vito está increíble, pero Batman como personaje no despega nunca, lo cual es un poco irritante. En cambio el de “Un Joven Manos de Tijeras” es un personaje completo, bien armado. Me gustó mucho también “La Leyenda del Jinete sin Cabeza”.

AS-F: Me quedé con lo que dijiste respecto del “Batman”-serie de los '60, que muchos defenestran, y sin embargo maneja un humor impecable.

F.P.: Es buenísimo, y además, viste, todo dicho con el mismo tono, como si estuvieran diciendo la cosa más seria del mundo. Es lo mismo que hacen los chinos, los chinos hacen los disparates más increíbles en las películas de Jet Lee, o las que dirige el productor que descubrió a John Woo, un tipo que tiene como cincuenta películas, que hace como cinco películas por año, es un genio, y todo lo que pasa en esas películas está hecho con la más absoluta seriedad. Los personajes son así, y alrededor de ellos es el ridículo más absoluto, ellos están vestidos con un traje absurdo, y, no sé, caminan por las paredes... pero lo hacen con tanta convicción... ellos están convencidos de que eso es así y vos entrás en ésa, bah, yo entro en ésa. Y con “Batman” me cagaba de risa, yo veía los carteles que decían “Pow!” y estaba bueno, había una cosa que era muy linda. La música, tenían onda.

AS-F: Haciendo justicia habría que mencionar a aquella Gatúbela también.

F.P.: Lee Meriwether, todo bien. Había dos Gatúbelas bárbaras, una era Lee Meriwether, que después aparece en “El Túnel del Tiempo”, es una de las operadoras, está toda seria, vestida de científica, pero uno se la acordaba siempre Gatúbela. Y después está la otra que era Miss Mundo, que era un hembrón imposible...

AS-F: Supongo que Julie Newmar. Y estaba Yvonne Craig, ya que tocamos el tema.

F.P.: Y bueno, la Batichica era algo de recordar. Era todo eso. Había menos prejuicio y había una mayor predisposición a suspender la incredulidad, uno agradecía que lo engañaran, o que le presentaran un universo de ficción. Y ahora yo lo agradezco, pero se ve que hay mucha gente que no, porque cuando vi “Los Ángeles de Charlie”, por ejemplo, que a mí me gustó mucho -yo la disfruté como un chico-, al lado mío había un tipo comiendo pochoclo en bermudas... era un tipo que no era, viste, Beatriz Sarlo, ¿entendés?
(risas)
Y en la primera escena, ¿cuál es la reflexión que hace? -yo estaba festejando, yo también hubiera comido pochoclo, todo bien-, y el tipo dice (imposta la voz): “¡Eeeeeh! Essssto no se puede creer”, y yo decía “¡él no se puede creer!
(risas)
Y el tipo estaba diciendo eso y yo pensaba:¿pero qué querés? ¿qué es lo que venís a ver? ¿Y por qué “no se puede creer”? Es una película, nada se puede creer. Qué, ¿“Full Metal Jacket” se puede creer porque Kubrick es un señor serio? ¡No!, es lo mismo, son sensaciones, todo es representación. Entonces me parece que hay como una cosa que se ve que los marketineros la pescan, porque todas las películas son igual de chatas, y en donde lo que importa es qué tan verosímil es ese mundo ficticio que creás, y no lo otro que decíamos antes, o sea: más que lo verosímil que sea, la relación que tenga con tu propia percepción, o con tu mundo cotidiano, más que lo verosímil en sí. Entonces ahora viene la nueva “Matrix”, ¿y cómo la venden?; la venden como que es la película cuyos efectos especiales han borrado el límite entre lo digital y lo real. Macanudo, ¿y la historia? Ojalá esté a la altura de eso, porque que borren el límite a mí me importa un pito...

AS-F: ¿A quién le puede excitar eso?

F.P.: No, a mí francamente no me conduce a nada, pero así la venden. Como que el motivo de atracción es que ya no se sabe si lo que vas a ver es real o está generado por una máquina. OK, ¿y entonces? Lo grande que tiene “Toy Story” es la manera en que vos te podés vincular con los personajes, no que sea todo digital. Lo genial es que ahí hay un realizador, un narrador que te cuenta la historia. Y que usa comedia, y que usa cosas de cine mudo, y que está bueno.

AS-F: Particularmente en “Matrix” sentí el atractivo, básicamente, en la primera traslación convincente del universo de William Gibson a la pantalla grande. Antes se había intentado con “Johnny Mnemonic” , que no me pareció logrado.

F.P.: Tampoco es una cosa espantosa, es algo que se puede ver, no es horroroso. Hay cosas mucho peores. Ahora todo pasa por de qué manera se puede ver más realista, el dinosaurio tiene que tener los pliegues y se tiene que ver a plena luz del día y tiene que ser absolutamente verosímil. Yo no sé si eso es lo que importa, pero todo va como orientado en esa dirección. Es una cagada. Si todos los esfuerzos creativos pasan por ahí...