Argentina Sci-Fi: Es fácilmente verificable en la producción filmográfica argentina destinada a la ciencia-ficción un tránsito por demás escaso, discontinuado si se quiere, apenas un puñado de incursiones aisladas aquí y allá... ¿Cuáles pueden ser para vos algunas de las causas a las que puede atribuirse ese casi no-desarrollo del género aquí en la Argentina?

Uriel Barros: Creo que tiene que ver más que nada con que en este país nunca se hizo cine de género concretamente. Los pocos intentos en ese sentido tienen que ver con los films de aventuras, quizás. En su momento de esplendor el cine argentino supo ser industria, exportando films a toda Latinoamérica, pero las películas que se hacían eran generalmente dramas o comedias, con tintes muy localistas, a la vez muy cuidadas tanto a nivel estético, como a nivel técnico y narrativo. Ahí se comenzó a cultivar la rama del cine de autor. El cine argentino puede decirse que es más de autor que de otra cosa, porque es más fácil hacer cine de autor, se trata de un cine con referencias autóctonas, pero a la vez desligado de compromisos con una platea que puede querer ver otra cosa, o un mercado que necesita otra cosa. El cine europeo es la contracara, te puede hacer cine de autor pero también te puede hacer cine de entretenimiento, y cuando digo cine de entretenimiento, o cine de género, no quiero decir copiar las fórmulas americanas. Se pueden respetar ciertas premisas, pero no necesariamente que el héroe al final se quede con la chica, o que si se queda, que tenga que ver con cómo vas desarrollando la película. Acá lo que se hizo siempre fueron intentos que generalmente fueron trillados. Creo que más que nada tiene que ver con una cuestión de no arriesgarse.

AS-F: Acabás de tocar un punto interesante, porque generalmente muchas respuestas a esta pregunta se inclinan hacia el lado de que el cine de género es consecuencia de una industria consolidada, y que en la Argentina no existe tal cosa. Pero sin embargo en la edad de oro del cine argentino a la que vos hiciste referencia, sí había una industria bien cimentada, que de hecho exportaba sus productos al resto de Sudamérica e inclusive a México, y aun así tampoco hubo lugar para un cine “no-realista” o que pasara por la ciencia-ficción u otros géneros afines, como el terror o el fantástico.

U.B.: Hay que tener en cuenta que hasta ese momento en Estados Unidos, que es el país más importante en el que empezaron a desarrollarse los films de ciencia-ficción y terror, también los intentos eran muy escasos, generalmente no estaban muy apoyados. El público igualmente se estaba despertando e interesándose de a poco en ese tipo de películas, pero los grandes estudios no le daban tanta bolilla, hasta que llegó la Guerra, que cambió un montón de cosas aquí en la Argentina también. La industria se quebró y en todo el mundo se produjeron grandes cambios a nivel cultural, entonces la ciencia-ficción explotó...

AS-F: ...de hecho en Estados Unidos comienza a funcionar como órgano de propaganda militar para el gobierno.

U.B.: Totalmente, con la ciencia-ficción se dieron cuenta de que podían infundir miedo en la población, vender panfletos socioculturales y atravesar la psiquis -como siempre lo han hecho- de su pueblo, y luego la del resto del mundo, si era posible. Lo interesante de hecho es que de pronto muchos directores exiliados de Europa, grandes talentos, terminaron en Estados Unidos para continuar realizando sus trabajos, dirigir películas, presionados por los estudios, sí, pero grandes joyitas. De hecho las mejores películas norteamericanas no están hechas por directores americanos, allí encontrás, dentro de esas presiones, una veta artística por un género que te da libertad como para explorar toda tu imaginación. Los autores literarios de ciencia-ficción también ahí hicieron su camino artístico y pudieron realmente explotar con el cine, en adaptaciones brillantes.

AS-F: Volviendo al tema en la Argentina, hay dos cuestiones entrelazadas que me parece que pueden tener una cierta injerencia desde el lugar de los realizadores: por un lado noto un cierto desdén en el ámbito académico por el cine de género en general, a favor de un cine de autor, como si se tratara de una dicotomía, algo que parece reproducirse también desde cierto sector de la crítica, retroalimentándose ambos fenómenos y agudizándose más aun cuando se trata de géneros englobados en el Fantástico. ¿Puede ser ésta una influencia para los realizadores que juegue contra el deseo o la posibilidad de abordar esos territorios?

U.B.: Lo que pasa es que ya desde el punto de vista del público hay un rechazo por el cine argentino. Es lo que le comentaba antes de esta entrevista a Trash (Meyer, co-director de “2176. Clones Bisex”): un sábado a la noche, si una pareja decide ir a ver una película y está el afiche con la cara de Schwarzeneger y la película donde trabajan, no sé, Marita Ballesteros y Romualdo Quiroga, bueno, Romualdo Quiroga ya se murió pero no importa...
(risas)
... con un casting que no está ni siquiera bien armado, no va a ir a ver esa, ya desde el vamos la estrenan en un cine solo, que es el Tita Merello, y la otra se estrena en cincuenta cines, y sí o sí vas a caer a ver la de Schwarzeneger, más allá de que vos tengas la intención libre de elegir, están eligiendo por vos, te la están embocando en un montón de cines. Para que una película caiga a cuarenta salas, tiene que estar Pablo Echarri, tiene que estar Ricardo Darín, ya hay un arreglo ahí de movida que tiene que ver con un canal, o una radio, un diario...

Trash Meyer: ... o productoras internacionales tipo Buena Vista.

U.B.: Sí, o una coproducción con España, hay una movida ahí muy distinta, atenta a lo que puede ser el cine independiente, a lo que puede ser un cine distinto, y ni hablar del cine de género. Hoy hacer cine de género yo creo que tiene que ver más con el cine independiente real, porque estás luchando contra todos. Vos hablás de hacer, supongamos, una película de terror, y hay un montón de prejuicios, porque hay gente que te va a decir “no, eso hay que hacerlo muy bien, eso lo hacen los yanquis”, y sí, es verdad, hay que hacerlo muy bien, pero no hay por qué hacerlo como los yanquis.

AS-F: Ahí hay una cuestión a la que yo quería llegar, ¿existe la posibilidad, en este caso en el campo concreto de la ciencia-ficción, de realizar un film de calidad sin que necesariamente remita, como clon, a producciones realizadas en Estados Unidos? ¿Se puede realizar una película que trasunte argentinidad y que sea de género?

U.B.: Es que tenés un problema muy grande al tratar de enfocar un proyecto de ciencia-ficción: los referentes que tenés adelante son tan grandes que te van a tapar siempre. No sé, si vos querés hacer una película en el espacio te van a comparar con Kubrick, con “Star Wars”, te van a hacer mierda, por más que la hagas en España, o en Francia, que tienen toda la tecnología posible, ya desde el vamos estás perdido. Ahora, si de pronto esa película la hacés en un lugar cerrado, le buscás una vuelta distinta, claramente te estás saliendo de ese referente del cual te van a acusar de ser la versión exploitation, el copiador. Y aquí, volviendo a la época de oro del cine argentino, era imposible hacer una película de ciencia-ficción, porque ya tenías “La Guerra de los Mundos”. Creo que en aquel momento, con la gran cantidad de estudios que existían, nadie iba a pensar en producir una película como “El Hombre del Planeta X”, aunque se podría haber hecho, había talentos. Un director como Hugo Fregonese, que viajaba por todo el mundo filmando todo el tiempo por la alegría, incursionando en todo tipo de géneros, también podría haber filmado una película así, chiquita y genial. Pero evidentemente había miedos como para encarar ese tipo de proyectos, a nivel industria me refiero.

AS-F: Pienso tal vez si el desafío no estará, para quienes cultivan el género, en generar sus propios mitos. Me remito al ejemplo que vos dabas: hacer una space-opera argentina parece tan ridículo como Menem hablando de aviones elevándose hacia la estratósfera ante un puñado de niños subalimentados en Jujuy...

U.B.: Bajo ese contexto, es probable. Pero yo escuché a productores decir que es ridículo hacer una película de terror argentina, que no funciona. En Chile a Jorge Olguín también le dijeron cosas así: “no se puede porque venimos de una época de represión, vos querés hacer una película de vampiros, donde hay violencia, hay muerte, hay sangre y nosotros ya lo vivimos con el gobierno de Pinochet”. Un punto de vista distinto. En todo caso, si nos manejamos desde ese lugar no podríamos escribir ni hacer lo que queremos, y no podría explotar la vena artística de cada uno.
Tenés a “La Sonámbula” por ejemplo, a la que se intentó vender como el opus de ciencia-ficción futurista, tipo “Blade Runner”, “Metrópolis”, trascendente, y fue todo lo contrario lamentablemente. Se apoyaron mucho en la post-producción, en los efectos, trucas digitales, y ahí hubo un rechazo del público bastante fuerte. Pero creo que básicamente no por el género, al contrario, porque entró por ahí, creo que falla, como gran parte de las películas argentinas, sobre todo de directores primerizos, porque te quiere contar veinte cosas y al final no te cuenta nada, entonces tu estadía en el cine se hace letárgica. Esa película fue un error de concepto más que nada, pero me encantaría que se vuelva a hacer algo así y funcione. Creo que se puede hacer cine de género, o cine de entretenimiento, que además sea inteligente, que no subestime al público. Yo puedo considerar a “Mingo y Aníbal contra los Fantasmas” como cine de entretenimiento, pero no de género, porque el género en todo caso sería el género cazabobos.

AS-F: ... o el degénero...

U.B.: Sí, acá hay muchos directores todo terreno capaces de hacer cualquier tipo de películas, pero sin importales nada. Te las hacen así: “¿Vos necesitás hacer la película en treinta días? Yo te la hago, con Francella, con Emilio Disi, ¿cuál es?, ¿la número tres?, ¿la cuatro? Bueno, la hacemos...” El tipo te la entrega en fecha y lista, con todos los requerimientos que le pediste, pero no vas a encontrar una gran obra en la que se nota el pulso del director. Quizás la sala se llene, no sé si siga funcionando eso igual, de alguna manera quisieron reiterarlo con “La Herencia del Tío Pepe”, y la vieja fórmula falló.

T.M.: Sí, pero hubo una entrada mayor de películas extranjeras cazabobos muchísimo mejor producidas, creo que eso tuvo que ver.

U.B.: Pasó eso y también tiene que ver la televisión. Los culos que podías ver en el cine en los años setenta los podés ver, casi sin bombacha, hoy en la TV. Si querés también, de última, podés alquilar una porno. Cambiaron muchas cosas.

AS-F: De hecho el anacronismo de una película como “La Herencia del Tío Pepe” es flagrante...

U.B.: Atrasa veinte años, se puede tomar quizás como un referente cultural de época. Igual esa película para mí tiene más onda que ir al cine Lorca de puro snob a ver la última película “artística” que se estrena. En todo caso me cabe más eso a mí. Yo creo que se tiene que hacer de todo acá, y no siempre la típica película de autor. Porque es más fácil hacer una película de autor, no te hacés cargo de nada, vas a ver eso y decís “¿y esto que mierda es?”.

AS-F: De hecho fijate qué sintomático que una película como “La Sonámbula...”, a pesar de que fue vendida por el lado de la ciencia-ficción, no deja de tener una pretensión de cine de autor muy notoria, y que al final parece pedir perdón por toda la trama de ciencia-ficción que exhibe, al utilizar como excusa de la historia el sueño de la protagonista.

U.B.: Sí, además típica en meterte líneas del proceso, los militares, me parece bien, pero lo ves constantemente. Como artimaña comercial ya no funciona más. Una vez que encontrás el camino de lo que los guionistas intentaron contarte, y descubrís todo ese trasfondo, es demasiado tarde, ya no te importa, es una boludez. Además, el entretenimiento se perdió. Si quiero pensar leo un libro, y si quiero ver algo ideológicamente más trascendente y que en todo caso luzca mejor puedo ver cine ruso, “Solaris”, quizá.
Es una lástima, de todos modos me encanta igual que se haga el intento, preferiría que se sigan haciendo más películas de ciencia-ficción. Es prueba y error, hasta que salga algo mejor.

AS-F: ¿Tenés algún registro de algún pequeño hito, de alguna parada importante en el cine argentino que comporte una irrupción considerable de la ciencia-ficción en alguna de sus variantes?

U.B.: Si tuviera que nombrar una película argentina de ciencia-ficción sería “Invasión”, de Hugo Santiago, como un ícono de un cine de género de exportación posible de hacer, lo que debería haber sido o lo que habrán querido que sea “La sonámbula”: ciencia-ficción seria, responsable, artística...

AS-F: ...correcta...

U.B.: ...correcta, buenísima... y jugada. Sobre todo por el contexto en que se hizo. Ahora es fácil hablar de los militares, de lo hijos de puta que son, te lo pongo a Videla de vampiro si querés, pero ya no tiene gracia. De hecho en los setentas hubo cine documental que se veía en bases peronistas y en bases montoneras y políticas, documentales re-jugados, la mayoría de esos directores luego desaparecidos...

AS-F: Hablamos de Gleyzer...

U.B.: Exacto. Ahora es más fácil dibujar todo ese contexto, porque no está el peligro latente como en esa época. Pero si encima lo hacés mal...

T.M.: Pero me parece que es justamente porque no está el peligro latente que esto viene mucho más lavado...

U.B.: Yo creo que es cómo lo asimilás, en todo caso.

T.M.: Por eso, pero lo asimilás en la medida en que te esté afectando a vos, a eso me refiero. Inclusive hablando de ciencia-ficción, o del fantástico: vos estando en el medio de un proceso, queriendo armar una película, como sucedió en Estados Unidos con el macarthismo y toda la paranoia del comunismo, ocultás detrás de una película de ciencia-ficción perfectamente...

U.B.: Sí... Bueno, “El Eternauta” es la obra clave en ese sentido, pero andá a hacer algo así...

T.M.: Totalmente, es preferible que algo como “El Eternauta” no se haga a que se haga fallidamente.

U.B.: Yo tengo mi corazón en el género, y obviamente prefiero que se haga y que sea bueno, primero como espectador, y al fin y al cabo, como individuo.

AS-F: ¿Pensás que el mito de que la ciencia-ficción implica altos costos -y digo el mito- puede operar a modo de parálisis para quienes quieran intentarlo?

U.B.: Y... eso es como ya subjetivo. Si querés buscar financiamiento y vas con un productor, seguramente lo que él piense puede ser muy distinto a lo que vos tenés en tu cabeza, o a cómo se lo vendas. Te doy un ejemplo: para hacer una película de acción en Estados Unidos es muy probable que el productor te quiera poner explosiones, persecuciones de autos y tiros...

T.M.: ...y actores conocidos.

U.B.: Claro, el actor conocido también se puede llegar a prender, pienso que acá también es más probable eso, pero lo que intento decir es que para hacer cine de género es como que necesitás más presupuesto, y puede que sea así hasta un punto, porque quizás necesites más exteriores, más producción, pero no sé si necesitás mucho más dinero. Más elaboración seguramente.
Si vos querés hacer una película de ciencia-ficción al estilo “Señales”, podés estar haciendo la contracara de “Día de la Independencia”, porque es una invasión alienígena desde el punto de vista de los campesinos, transcurre enteramente en el campo, y lo poco que llegás a ver a nivel visual de ciencia-ficción es un video..., un extraterrestre suelto en un cumpleaños y unas luces dando vueltas en el cielo, eso está buenísimo. Desde el punto de vista conceptual está bárbaro, porque muestra algo distinto y de otra manera. Esa película se pudo haber filmado acá, no con Mel Gibson, obviamente.

T.M.:Sexto sentido” sería otro ejemplo en la misma línea aunque desde otro género...

U.B.: Tomá el cine fantástico español, “Los sin Nombre”, “Tesis”... obviamente hay talentos ahí atrás...

T.M.: ... “El Espinazo del Diablo”...

U.B.: Ahí está. En México Guillermo del Toro... Es gente interesada en el género, y es gente que sabe que se puede hacer una película de género en su propio país.

T.M.: Eso también es cultura.

U.B.: Claro que sí... su asimilación

T.M.: Si vos observás Europa en los años treinta, a partir del mudo y todo ese corrimiento que hay después hacia América por el azote del nazismo, es gente que no venía, como acá, de ser asistente de director a los quince años y que a los treinta por arte de magia se convierte en director, es gente que viene de otro tipo de nivel cultural y que tiene una asimilación de las vanguardias...

U.B.: ...y que no se reduce a la cultura entendida desde lo académico...

T.M.: No, a nivel de apertura mental. Pienso en la contracara en el plano local: un tipo que le financia una película a Carreras...

U.B.: ... son muy talentosos para hacer dinero y, aunque suene duro, para estafar a la gente. Yo te vendo un cajón entero, si querés... pero adentro no hay nada. Y vos lo compraste, que era lo que yo necesitaba. El talento reside en que el año que viene te vuelvo a hacer la misma película y te la vuelvo a vender. Es genial eso. Ahora, a nivel cine, es triste. Creo que después de la Guerra el cine argentino cayó de una manera estrepitosa. En los sesentas quizás hayan estado las excepciones, hubo un cambio de cine, más cercano al europeo en todo caso, Favio, Martínez Suárez...

AS-F: La asimilación de la nouvelle vague.

U.B.: Exacto. Había una sensibilidad que hoy en día sólo encontrás en algunos pocos cineastas. Había un interés real en hacer cine. No sé si esas películas eran realmente las que la gente quería ver, se podría decir que eran películas de festivales, pero indudablemente muy buenas.

T.M.: De hecho algunas películas de Favio fueron rotundos fracasos de taquilla, y no por eso dejan de ser geniales.

U.B.: De acuerdo, pero tiene que ver también cómo te las vendían, en qué época se estrenaron. “Soñar, soñar”, con Monzón y Pagliaro, a mí me encanta...

T.M.: El día del estreno hubo una amenaza de bomba en el cine, y además coincidió con la caída del gobierno isabelista...

U.B.: Incluso a nivel marketing, ese casting es buenísimo. Hoy en día no podés hacer una película así, o quizás sí, pero no estaría cinematográficamente bien conceptuada. Actualmente los castings son muy poco seductores, incluso en películas chiquitas. Ponés a Patricio Contreras, a Patricia Etchegoyen... con la cara de Contreras gigante en el afiche, más allá de que la película sea buena o no, no te dan ganas de ir a verla. Y es un tema que debería cuidarse, ya desde el nivel marketing, como decía recién. Una película así se iría derecho al Tita Merello, se iría al tacho enseguida. Ya desde el vamos la propia industria condena a una película con esas características, una película más, una película-chorizo que no despierta el interés de nadie. Y es una lástima, porque el día de mañana vos hacés una buena película, con una historia de interés... Por ejemplo, hay una película llamada “Tres Pájaros”, cuyo guión ganó un premio en la Fundación Antorchas, es una road-movie al estilo “Camino sin retorno”, el guión, que tuve oportunidad de leer, es excelente, pero cuando ves la película fallan un montón de cosas, pero lo que fundamentalmente falla es la elección de la protagonista, su actuación es deplorable. No funcionaba con la historia además, es un error de marketing importante. No tanto porque la actriz sea desconocida, porque podés poner a alguien desconocido y atrás gente de trayectoria que sostenga la propuesta...

T.M.: Además necesitás un tipo que sostenga desde la dirección. Fijémonos sino en “El Día que Maradona Conoció a Gardel”, trabaja Dolina, trabaja Maradona, y podríamos decir que tiene un casting similar al que en su momento tuvo “Soñar, soñar”.

U.B.: Yo creo que si esa película hubiera sido medianamente buena hubiera sido un éxito: tenía todo el auspicio de América TV, apoyo desde los diarios...

T.M.: ...y tenías a Maradona.

U.B.: Y tenías a Maradona.

T.M.: Y desde el título, aparte.

U.B.: Exacto. Y encima no la supieron vender, y no la pudieron vender porque la película es mala. Uno podría pensar, por ejemplo, que cualquier cosa que se estrene con Pablo Echarri tiene el éxito asegurado. Y no es así. Cuando Telefé machacaba insistentemente con “Héroes y Demonios”, la película se estrenó con bombos y platillos y sin embargo duró una semana. Era un bodrio. El boca a boca también es muy fuerte, es un país chico, es una provincia chica, y tengamos en cuenta que las películas funcionan básicamente acá más que en el resto del país. Otro ejemplo: Mentasti, quería hacer una película con Rodrigo, se muere Rodrigo, la hace igual. Recolecta videos en VHS y los revienta a 35, le mete una historia en el medio a lo “Peperina”, que no tiene pies ni cabeza, encima mal dirigida... “para los cabezas, para que vean y tengan a Rodrigo”. Y la película fue un fracaso. Seguramente recuperaron lo que invirtieron pero no era lo que ellos querían, ellos esperaban un boom. Una vez más subestimaron al público. Creo que se acabó un poco eso de “hagamos la película de Tremendo”, “hagamos la película de Parchís”, ya pasó, porque lo podés ver en un especial de televisión, en el que de pronto podés vender mucha más publicidad.

T.M.: Y si te cansás hacés zapping.

U.B.: También. Creo que tenés que vender algo más, los viejos truchos ya tienen que dar paso me parece, ¿no?

AS-F: Y sus viejas ideas también, porque los viejos mueren pero muchas veces las ideas perviven...

U.B.: Bueno, el Instituto de Cine se maneja más o menos así. Todos los trámites que tenés que hacer para realizar y estrenar una película están impuestos para que permanezca la misma gente de siempre. Está preparado para que...

AS-F: ...te den ganas de desistir.

U.B.: ¡Claro! Para que nunca estrenes tu película.

AS-F: Idéntico comentario me hacía hace unos años ya Ugo Adam, un realizador independiente de la ciudad de La Plata.

U.B.: Yo en estos momentos estoy produciendo una película de terror, “El martillo”, que está en pre, y para lograrlo tengo que transar con otra gente. Gente que siempre tiene el visto bueno del Instituto, tipos que ya hicieron más de veinte películas. Mi otra alternativa era hacer la película, porque los actores están, el equipo técnico también y algo de líquido como para comenzar, y se puede llegar a realizar. Ahora, si yo la quiero estrenar en el cine, empiezan los problemas, tengo que inflar los presupuestos... entrar en ese juego que moralmente te socava.

T.M.: Sí, porque terminás entrando en el juego que siempre criticaste.

U.B.: Exacto. Es triste, ¿y todo por qué?, porque querés que se estrene tu película. Realmente desalentador. A ellos no les importan nuestras películas, les importa hacer el negocio. Yo les puedo llegar a llevar la nueva versión de “Mingo y Aníbal”...

T.M.: Sí, o la película sobre Rodrigo..., si la pueden meter cobran el subsidio igual y se llevan su sueldo...

U.B.: Seguro. Incluso es más desquiciado aun este sistema, porque siempre le da la posibilidad de doble de recupero, de interés general inclusive -que todo lo que vos necesitás lo tenés ahí-, te dan el cien por ciento de lo que vos ponés en concepto de recupero industrial, y los que siempre se benefician son grandes grupos empresarios asociados con canales: Mentasti, Polka...

T.M.: Polka de hecho siempre obtiene un cincuenta por ciento del aval del Instituto, en todo lo que hace.

U.B.: Digamos que lo que se da en política se repite en todos los ámbitos: en la música, en el fútbol... un retrato de un país. Cuando viajé al exterior... en Inglaterra me decían “ah! Maradona, Falklands!”, me veían casi como a un delincuente, una situación muy incómoda, a los turistas de otros lados los trataban mejor. Es como cuando vienen acá los bolivianos, los peruanos, los chilenos...

AS-F: Reiteramos el mecanismo.

U.B.: ¡Claro!, siempre me indignó esa actitud.

T.M.: Siempre nos creímos la París de Sudamérica.

AS-F: Acaso el gran mal argentino.

U.B.: Luego padecemos eso afuera. Fijate como esto incide a nivel cultural: ¿por qué aquí no se estrechan lazos de coproducción? Porque en este país tenés todo, a nivel técnico estamos muy bien, a nivel capacitación también, hasta a nivel locaciones, hay de todo. Y más favorable aun con el tema del cambio monetario actual. Y si bien están funcionando algunas publicidades, a nivel cine son muy pocas las coproducciones, casi nada. ¿Por qué sucede eso? Nuestra bien ganada fama de cagadores no es casual. Afuera las reglas del mercado son claras. Puede haber algún trucho dando vueltas, pero en seguida, en el American Film Market o en festivales internacionales como en Cannes, por ejemplo, ya lo saben. Los distribuidores mundiales, los agentes de venta, son siempre los mismos. Los negocios se hacen con la mano, y estamos hablando de miles y miles de dólares. Eso vale muchísimo, y acá es impensable, acá te dan cheques sin fondo. Es lamentable, pero es el país en el que vivimos y nosotros somos parte de esto.

T.M.: Y nos hicieron parte de eso, también. Recuerdo la película de Olmedo y Porcel, durante el Mundial '78, en la que recibían turistas para estafarlos. Eso construye identidad. Al reírte con la película le estás dando tu aval.

AS-F.: El relato pugna por la identificación del espectador con ese par de chantas, por que el público celebre la actitud inmoral que exhiben

U.B.: Para no hablar del machismo y la misoginia galopante que atraviesa al cine y a la sociedad argentina... Falta de respeto para con las mujeres, para con los homosexuales, para con las minorías..., al extranjero, al del interior, al negrito, al “cabecita”, a los villeros, siempre el porteño “piola”. Y esa proyección del porteño, afuera, es totalmente negativa. Mucho peor que la saña con que se estuvo burlando siempre de todo aquello que acabo de mencionar. Porque tenemos fama de hacernos los piolas, pero eso significa, para los demás, que somos hijos de puta, y encima, boludos. O sea que no somos para nada piolas. La verdad es que cuando la gente sale a la calle a cacerolear y a gritar “que se vayan todos”... no sé, en realidad todos somos parte de eso.

AS-F: Hay un no hacerse cargo también.

U.B.: Sí.

AS-F: Parece fácil cargarle las culpas a la dirigencia política como si fuera un compartimiento estanco.

U.B.: Seguro. Sucede que muchos salen a cacerolear sólo cuando le tocan el bolsillo...

T.M.: Sí, hay mucha hipocresía también.

U.B.: En Estados Unidos sucede lo mismo, fijate el relato que urdieron para preparar entre la población el clima apto para iniciar la Guerra del Golfo: supuestamente en Irak, en una nursery, habían dejado tirados en el suelo a varios bebés para que murieran de hambre... ¡es un cuento de Dickens!. Entonces el pueblo yanqui lloró y dijo: “a la guerra, vamos”.

T.M: No muy distinto de lo que están haciendo ahora para llevar adelante la guerra contra Irak por el tema del petróleo.

U.B.: Un diario te vende una cosa, y todos creen que es verdad. Quizás ese diario esté detrás de todo, también. Los medios...

T.M.: Canal 9.

U.B.: Canal 13, Canal 11, todos.

AS-F: Recordemos que los principales medios, canales de aire y demás, son sucursales de grandes grupos financieros, y la estrategia que tienen hacia la población es clara, en el sentido de focalizar las iras de la gente en la dirigencia política para que no mire más allá, porque esa dirigencia es el servicio de cadetería de los grandes intereses económicos que parasitan este país.

U.B.: García Belsunce, los Conzi, cualquier crimen lo tornan gigantesco y mientras tanto aumentan los impuestos, si es posible durante las vacaciones, mientras atrapan el dinero en el corralito y lo fugan al exterior... es realmente el plan de un mad doctor
(risas)
... es ciencia-ficción, es genial, son muy inteligentes

AS-F.: Ya que lo mencionás, volvamos al género... De cara al futuro, se observa, entre lo escaso de la producción, la bifuración de dos caminos bien diferenciados: por un lado las producciones mainstream (desde “Lo que Vendrá”, pasando por “Moebius” y “La Sonámbula...”), y por otro lado producciones independientes, de menor presupuesto, como las del grupo FARSA, o “Attack of the Killer Hog”. ¿Cómo avisorás el panorama tras esos dos rumbos?

U.B.: Si no hay un holocausto postnuclear, y en todo caso si hay uno y queda alguna cámara desvencijada para seguir filmando, es saludable que se puedan seguir haciendo películas. Creo que el cine americano está cada vez más en problemas. Tienen que resolver su situación porque a estas alturas el interés del público ha decaído demasiado. Un actor conocido, con efectos especiales y explosiones, ya no vende tanto como antes, las historias cada vez se repiten más, la falta de originalidad es moneda corriente... Incluso subirse a los carriles de lo que es el mecanismo del sistema de Hollywood a esta altura ya es odioso, porque todo lo que ves es pochoclo. Lo hacen de una manera tan sencilla que te sentís subestimado. Para el público americano en su mayoría, millones y millones de personas que van a ver cine, y donde hay una industria consolidada, es costumbre ver eso. Toda su cultura se maneja así. Cuando se estrena una película extranjera subtitulada, va a para a salas de arte para cuatro o cinco espectadores. No son capaces de ver una película subtitulada, les lleva mucho tiempo. Aquí en cambio, te acostumbraste desde chico a ver films subtitulados. Imaginate sus hábitos de lectura, ¿qué leen?, libros de supermercado, Jhonn Le Carré, libros de autoayuda. O la música que escuchan, todo demasiado lineal, para no pensar de más. Esa cultura, y por ende ese tipo de cine, como es tan grande, abraza todo el continente, el mundo entero, y en muchos países europeos y en Latinoamérica existe otra cultura que cada vez concuerda menos con lo que ellos tratan de imponer. Dentro de los dogmas que ellos tratan de imponernos constantemente, o dentro de las estupidez con que nos bombardean, es cada vez más palpable el hecho de que su arte cada vez funciona menos.

AS-F: Es que las realidades se han disociado tan dramáticamente...

U.B.: Totalmente. Yo creo entonces que si nosotros tomamos como referente -como siempre lo hicimos-, al cine americano, como para seguir creyendo en hacer películas, por ejemplo, estamos perdidos. Hay que buscar una identidad, un nuevo cine, salir a buscarlo y tratar de cumplir con las expectativas para con el público. Para que ese público no se aburra puede ir a ver una película americana, pero también puede obtener algo más que eso. Se le puede proporcionar al público entretenimiento, planteos inteligentes, responsabilidad, sin necesidad de bajar línea, que sería recaer en el esquema de siempre del cine argentino.
Pero volviendo al tema que planteabas en la Argentina, lo mainstream lo veo todavía muy poco maduro, hace veinte años que estamos con el tema del nuevo cine argentino, que es un gancho para tratar de obtener un mero reconocimiento, al menos del público local. Ahora todas las películas son al estilo “Pizza, Birra, Faso”, que es muy buena, el problema es que no todas tienen el nivel de ésa, o el de “Mundo Grúa”. Por otro lado tenés las típicas películas argentinas de siempre, que cansan, que ya no ve nadie porque tampoco se lo merecen, salvo contadas excepciones, como “Rosarigasinos”, un policial muy digno que sin embargo fue un fracaso de taquilla. Lo cual no es nada alentador, teniendo en cuenta que se trata de un film de género, y eso quita interés a futuro de posibles inversionistas para ese tipo de films. Esto para no mencionar los otros géneros, que ni siquiera se hacen. Y después tenés las películas industriales, que tienen todo el apoyo del mundo, incluido el del público, y en general son muy flojas. Tenés en este sentido unos pocos ejemplos de films realmente muy buenos: “Nueve Reinas”, “El Hijo de la Novia”, que está bien hecha, bien escrita e interpretada, y es una película que puede gustar al gran público. Después me parece que no hay mucho más. Se puede decir que el cine argentino hoy se mueve entre tres sectores: uno que puede ser para festivales, que obtiene reconocimiento de público y crítica locales, lo cual no es suficiente, después está el llamado cine independiente, que está como a medio camino... y el cine, digamos, de consumo masivo.

AS-F: En ese mapa que acabás de trazar, ¿dónde ubicás a las producciones independientes de ciencia-ficción? ¿Ese camino independiente es un resquicio? ¿es una decisión?

U.B.: Creo que es una necesidad. La necesidad de filmar hoy, porque no sé si mañana voy a tener las mismas energías para hacerlo. Como veo que el camino a las salas, o a la mayor difusión -porque es obvio que los realizadores quieren que sus películas sean vistas-, como veo que ese camino es muy difícil, que está prácticamente cerrrado, bueno, lo filmo como puedo. En la mayoría de los casos, estos realizadores se encuentran con que esas películas se las tienen que guardar. Hay muchos ejemplos de gente que filma generalmente en video y ahí tal vez puedas encontrar futuros talentos. Lo que te hace pensar que bien podrían estas personas estar ocupando el lugar del director de siempre que acaba de estrenar su último bodrio. Siempre sucede eso, podemos trasponerlo al mundo de la música, al de las editoriales... Igual la respuesta es seguir filmando, y unir fuerzas, que no se trate de esfuerzos dispersos, sino de compartir la idea de forjar un cine independiente, tal vez de género, para hacerse escuchar mejor. Hay gente que por ahí tiene alegrías, quiere filmar, quiere hacer películas de zombies siempre, supongo que en algún momento tiene que madurar... Pero hay otra gente que ya quiere trabajar con actores, gente que quiere hacer algo un poco más elaborado, y no solamente en el plano visual -porque una película no es sólo eso. Entonces sería bueno que todos los desperdigados se unan como para poder crear, incluso, lugares de discusión. Hoy en día hay muy pocos ámbitos, tenés salas de alquiler, o el Cosmos, que también se alquila, y el MALBA, que es muy interesante, porque da lugar a casos como el de “Balnearios”, una película independiente que tuvo muy buena repercusión, todos los fines de semana a sala llena.
Habría que intentar la creación de un grupo como de rescate del cine nacional, como para construir una identidad, que se pueda participar en todas las reuniones de industria, lo que pasa es que esa gente no te permite participar. ¿Por qué? Porque tenés que estar con ellos y les estás sacando la zanahoria, digamos. Nuestra herramienta, nuestra arma es el talento. Lo que sucede es que aunque hagas una película notable, si la hiciste en video sabés que la va a ver la menor cantidad de gente posible, si la hacés en cine, ya lo podés considerar un éxito, seguramente lo que pretendés.
Igualmente creo que hay que seguir filmando, hay que apostar al género, y no basarse tanto en las películas yanquis -aunque a alguien le pueda sonar muy Che Guevara-, porque no creo que de allí haya mucho más para rescatar.