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Argentina
Sci-Fi: Es fácilmente verificable en la producción
filmográfica argentina destinada a la ciencia-ficción
un tránsito por demás escaso, discontinuado
si se quiere, apenas un puñado de incursiones aisladas aquí y allá... ¿Cuáles
pueden ser para vos algunas de las causas a las que puede atribuirse
ese casi no-desarrollo del género aquí en la Argentina?
Uriel
Barros: Creo que tiene que ver más que nada con que en
este país nunca se hizo cine de género concretamente.
Los pocos intentos en ese sentido tienen que ver con los films de
aventuras, quizás. En su momento de esplendor el cine argentino
supo ser industria, exportando films a toda Latinoamérica,
pero las películas que se hacían eran generalmente
dramas o comedias, con tintes muy localistas, a la vez muy cuidadas
tanto a nivel estético, como a nivel técnico y narrativo.
Ahí se comenzó a cultivar la rama del cine de autor.
El cine argentino puede decirse que es más de autor que de
otra cosa, porque es más fácil hacer cine de autor,
se trata de un cine con referencias autóctonas, pero a la
vez desligado de compromisos con una platea que puede querer ver
otra cosa, o un mercado que necesita otra cosa. El cine europeo es
la contracara, te puede hacer cine de autor pero también te
puede hacer cine de entretenimiento, y cuando digo cine de entretenimiento,
o cine de género, no quiero decir copiar las fórmulas
americanas. Se pueden respetar ciertas premisas, pero no necesariamente
que el héroe al final se quede con la chica, o que si se queda,
que tenga que ver con cómo vas desarrollando la película.
Acá lo que se hizo siempre fueron intentos que generalmente
fueron trillados. Creo que más que nada tiene que ver con
una cuestión de no arriesgarse.
AS-F:
Acabás de tocar un punto interesante, porque generalmente
muchas respuestas a esta pregunta se inclinan hacia el lado de
que el cine de género es consecuencia de una industria consolidada,
y que en la Argentina no existe tal cosa. Pero sin embargo en la
edad de oro del cine argentino a la que vos hiciste referencia,
sí había una industria bien cimentada, que de hecho
exportaba sus productos al resto de Sudamérica e inclusive
a México, y aun así tampoco hubo lugar para un cine no-realista o
que pasara por la ciencia-ficción u otros géneros
afines, como el terror o el fantástico.
U.B.: Hay
que tener en cuenta que hasta ese momento en Estados Unidos,
que es el país más importante en el que empezaron a desarrollarse
los films de ciencia-ficción y terror, también los intentos
eran muy escasos, generalmente no estaban muy apoyados. El público
igualmente se estaba despertando e interesándose de a poco en
ese tipo de películas, pero los grandes estudios no le daban
tanta bolilla, hasta que llegó la Guerra, que cambió un
montón de cosas aquí en la Argentina también.
La industria se quebró y en todo el mundo se produjeron grandes
cambios a nivel cultural, entonces la ciencia-ficción explotó...
AS-F:
...de hecho en Estados Unidos comienza a funcionar como órgano
de propaganda militar para el gobierno.
U.B.: Totalmente,
con la ciencia-ficción se dieron cuenta de que podían
infundir miedo en la población, vender panfletos socioculturales
y atravesar la psiquis -como siempre lo han hecho- de su pueblo, y
luego la del resto del mundo, si era posible. Lo interesante de hecho
es
que de pronto muchos directores exiliados de Europa, grandes
talentos, terminaron en Estados Unidos para continuar realizando
sus trabajos, dirigir películas, presionados por los estudios,
sí, pero grandes joyitas. De hecho las mejores películas
norteamericanas no están hechas por directores americanos, allí encontrás,
dentro de esas presiones, una veta artística por un género
que te da libertad como para explorar toda tu imaginación. Los
autores literarios de ciencia-ficción también ahí hicieron
su camino artístico y pudieron realmente explotar con el cine,
en adaptaciones brillantes.
AS-F:
Volviendo al tema en la Argentina, hay dos cuestiones entrelazadas
que me parece que pueden tener una cierta injerencia desde el lugar
de los realizadores: por un lado noto un cierto desdén en
el ámbito académico por el cine de género
en general, a favor de un cine de autor,
como si se tratara de una dicotomía, algo que parece reproducirse también
desde cierto sector de la crítica, retroalimentándose
ambos fenómenos y agudizándose más aun cuando
se trata de géneros englobados en el Fantástico. ¿Puede
ser ésta una influencia para los realizadores que juegue contra
el deseo o la posibilidad de abordar esos territorios?
U.B.: Lo
que pasa es que ya desde el punto de vista del público hay un
rechazo por el cine argentino. Es lo que le comentaba antes de esta
entrevista a Trash (Meyer, co-director de 2176.
Clones Bisex): un sábado a la noche, si una pareja
decide ir a ver una película y está el afiche con la
cara de Schwarzeneger y la película donde trabajan, no
sé, Marita Ballesteros y Romualdo Quiroga, bueno, Romualdo
Quiroga ya se murió pero no importa...
(risas)
... con un casting que no está ni siquiera bien armado, no va a ir a
ver esa, ya desde el vamos la estrenan en un cine solo, que es el Tita Merello,
y la otra se estrena en cincuenta cines, y sí o sí vas a caer
a ver la de Schwarzeneger, más allá de que vos tengas
la intención libre de elegir, están eligiendo por vos, te la
están embocando en un montón de cines. Para que una película
caiga a cuarenta salas, tiene que estar Pablo Echarri, tiene que estar Ricardo
Darín, ya hay un arreglo ahí de movida que tiene que ver
con un canal, o una radio, un diario...
Trash
Meyer: ... o productoras internacionales tipo Buena Vista.
U.B.: Sí,
o una coproducción con España, hay una movida
ahí muy distinta, atenta a lo que puede ser el cine independiente,
a lo que puede ser un cine distinto, y ni hablar del cine de género.
Hoy hacer cine de género yo creo que tiene que ver más
con el cine independiente real, porque estás luchando contra
todos. Vos hablás de hacer, supongamos, una película
de terror, y hay un montón de prejuicios, porque hay gente que
te va a decir no, eso hay que hacerlo muy bien, eso lo hacen
los yanquis, y sí, es verdad, hay que hacerlo muy
bien, pero no hay por qué hacerlo como los yanquis.
AS-F:
Ahí hay una cuestión a la que yo quería llegar, ¿existe
la posibilidad, en este caso en el campo concreto de la ciencia-ficción,
de realizar un film de calidad sin que necesariamente remita, como
clon, a producciones realizadas en Estados Unidos? ¿Se puede
realizar una película que trasunte argentinidad y que sea
de género?
U.B.: Es
que tenés un problema muy grande al tratar de enfocar un proyecto
de ciencia-ficción: los referentes que tenés adelante
son tan grandes que te van a tapar siempre. No sé, si vos querés
hacer una película en el espacio te van a comparar con Kubrick,
con Star Wars, te van a hacer mierda, por más
que la hagas en España, o en Francia, que tienen
toda la tecnología posible, ya desde el vamos estás perdido.
Ahora, si de pronto esa película la hacés en un lugar
cerrado, le buscás una vuelta distinta, claramente te estás
saliendo de ese referente del cual te van a acusar de ser la versión
exploitation, el copiador. Y aquí, volviendo a la época
de oro del cine argentino, era imposible hacer una película
de ciencia-ficción, porque ya tenías La Guerra
de los Mundos. Creo que en aquel momento, con la gran cantidad
de estudios que existían, nadie iba a pensar en producir una
película como El Hombre del Planeta X, aunque
se podría haber hecho, había talentos. Un director como Hugo
Fregonese, que viajaba por todo el mundo filmando todo el tiempo
por la alegría, incursionando en todo tipo de géneros,
también podría haber filmado una película así,
chiquita y genial. Pero evidentemente había miedos como para
encarar ese tipo de proyectos, a nivel industria me refiero.
AS-F:
Pienso tal vez si el desafío no estará, para quienes
cultivan el género, en generar sus propios mitos. Me remito
al ejemplo que vos dabas: hacer una space-opera argentina parece
tan ridículo como Menem hablando de aviones elevándose
hacia la estratósfera ante un puñado de niños
subalimentados en Jujuy...
U.B.: Bajo
ese contexto, es probable. Pero yo escuché a productores decir
que es ridículo hacer una película de terror argentina,
que no funciona. En Chile a Jorge Olguín también
le dijeron cosas así: no se puede porque venimos de
una época de represión, vos querés hacer una película
de vampiros, donde hay violencia, hay muerte, hay sangre y nosotros
ya lo vivimos con el gobierno de Pinochet. Un punto de vista
distinto. En todo caso, si nos manejamos desde ese lugar no podríamos
escribir ni hacer lo que queremos, y no podría explotar la vena
artística de cada uno.
Tenés a La Sonámbula por ejemplo, a la que
se intentó vender como el opus de ciencia-ficción futurista,
tipo Blade Runner, Metrópolis,
trascendente, y fue todo lo contrario lamentablemente. Se apoyaron mucho en
la post-producción, en los efectos, trucas digitales, y ahí hubo
un rechazo del público bastante fuerte. Pero creo que básicamente
no por el género, al contrario, porque entró por ahí,
creo que falla, como gran parte de las películas argentinas, sobre todo
de directores primerizos, porque te quiere contar veinte cosas y al final no
te cuenta nada, entonces tu estadía en el cine se hace letárgica.
Esa película fue un error de concepto más que nada, pero me encantaría
que se vuelva a hacer algo así y funcione. Creo que se puede hacer cine
de género, o cine de entretenimiento, que además sea inteligente,
que no subestime al público. Yo puedo considerar a Mingo y
Aníbal contra los Fantasmas como cine de entretenimiento,
pero no de género, porque el género en todo caso sería
el género cazabobos.
AS-F:
... o el degénero...
U.B.: Sí,
acá hay muchos directores todo terreno capaces de hacer cualquier
tipo de películas, pero sin importales nada. Te las hacen así: ¿Vos
necesitás hacer la película en treinta días?
Yo te la hago, con Francella, con Emilio Disi, ¿cuál
es?, ¿la número tres?, ¿la cuatro? Bueno, la hacemos... El
tipo te la entrega en fecha y lista, con todos los requerimientos que
le pediste, pero no vas a encontrar una gran obra en la que se nota
el pulso del director. Quizás la sala se llene, no sé si
siga funcionando eso igual, de alguna manera quisieron reiterarlo con La
Herencia del Tío Pepe, y la vieja fórmula
falló.
T.M.: Sí,
pero hubo una entrada mayor de películas extranjeras cazabobos
muchísimo mejor producidas, creo que eso tuvo que ver.
U.B.: Pasó eso
y también tiene que ver la televisión. Los culos que
podías ver en el cine en los años setenta los podés
ver, casi sin bombacha, hoy en la TV. Si querés también,
de última, podés alquilar una porno. Cambiaron muchas
cosas.
AS-F:
De hecho el anacronismo de una película como La Herencia
del Tío Pepe es flagrante...
U.B.: Atrasa
veinte años, se puede tomar quizás como un referente
cultural de época. Igual esa película para mí tiene
más onda que ir al cine Lorca de puro snob a ver la última
película artística que se estrena. En todo
caso me cabe más eso a mí. Yo creo que se tiene que hacer
de todo acá, y no siempre la típica película de
autor. Porque es más fácil hacer una película
de autor, no te hacés cargo de nada, vas a ver eso y decís ¿y
esto que mierda es?.
AS-F:
De hecho fijate qué sintomático que una película
como La Sonámbula..., a pesar de que fue vendida
por el lado de la ciencia-ficción, no deja de tener una
pretensión de cine de autor muy notoria, y que al final
parece pedir perdón por toda la trama de ciencia-ficción
que exhibe, al utilizar como excusa de la historia el sueño
de la protagonista.
U.B.: Sí,
además típica en meterte líneas del proceso, los
militares, me parece bien, pero lo ves constantemente. Como artimaña
comercial ya no funciona más. Una vez que encontrás el
camino de lo que los guionistas intentaron contarte, y descubrís
todo ese trasfondo, es demasiado tarde, ya no te importa, es una boludez.
Además, el entretenimiento se perdió. Si quiero pensar
leo un libro, y si quiero ver algo ideológicamente más
trascendente y que en todo caso luzca mejor puedo ver cine ruso, Solaris,
quizá.
Es una lástima, de todos modos me encanta igual que se haga el intento,
preferiría que se sigan haciendo más películas de ciencia-ficción.
Es prueba y error, hasta que salga algo mejor.
AS-F: ¿Tenés
algún registro de algún pequeño hito, de alguna
parada importante en el cine argentino que comporte una irrupción
considerable de la ciencia-ficción en alguna de sus variantes?
U.B.: Si
tuviera que nombrar una película argentina de ciencia-ficción
sería Invasión, de Hugo Santiago,
como un ícono de un cine de género de exportación
posible de hacer, lo que debería haber sido o lo que habrán
querido que sea La sonámbula: ciencia-ficción
seria, responsable, artística...
AS-F:
...correcta...
U.B.: ...correcta, buenísima... y jugada. Sobre todo por el contexto
en que se hizo. Ahora es fácil hablar de los militares, de lo
hijos de puta que son, te lo pongo a Videla de vampiro si querés,
pero ya no tiene gracia. De hecho en los setentas hubo cine documental
que se veía en bases peronistas y en bases montoneras y políticas,
documentales re-jugados, la mayoría de esos directores luego
desaparecidos...
AS-F:
Hablamos de Gleyzer...
U.B.: Exacto.
Ahora es más fácil dibujar todo ese contexto, porque
no está el peligro latente como en esa época. Pero si
encima lo hacés mal...
T.M.: Pero
me parece que es justamente porque no está el peligro latente
que esto viene mucho más lavado...
U.B.: Yo
creo que es cómo lo asimilás, en todo caso.
T.M.: Por
eso, pero lo asimilás en la medida en que te esté afectando
a vos, a eso me refiero. Inclusive hablando de ciencia-ficción,
o del fantástico: vos estando en el medio de un proceso, queriendo
armar una película, como sucedió en Estados Unidos con
el macarthismo y toda la paranoia del comunismo, ocultás detrás
de una película de ciencia-ficción perfectamente...
U.B.: Sí...
Bueno, El Eternauta es la obra clave en ese sentido,
pero andá a hacer algo así...
T.M.: Totalmente,
es preferible que algo como El Eternauta no se haga
a que se haga fallidamente.
U.B.: Yo
tengo mi corazón en el género, y obviamente prefiero
que se haga y que sea bueno, primero como espectador, y al fin y al
cabo, como individuo.
AS-F: ¿Pensás
que el mito de que la ciencia-ficción implica altos costos
-y digo el mito- puede operar a modo de parálisis para quienes
quieran intentarlo?
U.B.: Y...
eso es como ya subjetivo. Si querés buscar financiamiento y
vas con un productor, seguramente lo que él piense puede ser
muy distinto a lo que vos tenés en tu cabeza, o a cómo
se lo vendas. Te doy un ejemplo: para hacer una película de
acción en Estados Unidos es muy probable que el productor
te quiera poner explosiones, persecuciones de autos y tiros...
T.M.: ...y
actores conocidos.
U.B.: Claro,
el actor conocido también se puede llegar a prender, pienso
que acá también es más probable eso, pero lo que
intento decir es que para hacer cine de género es como que necesitás
más presupuesto, y puede que sea así hasta un punto,
porque quizás necesites más exteriores, más producción,
pero no sé si necesitás mucho más dinero.
Más elaboración seguramente.
Si vos querés hacer una película de ciencia-ficción al
estilo Señales, podés estar haciendo la contracara
de Día de la Independencia, porque es una invasión
alienígena desde el punto de vista de los campesinos, transcurre enteramente
en el campo, y lo poco que llegás a ver a nivel visual de ciencia-ficción
es un video..., un extraterrestre suelto en un cumpleaños y unas luces
dando vueltas en el cielo, eso está buenísimo. Desde el punto
de vista conceptual está bárbaro, porque muestra algo distinto
y de otra manera. Esa película se pudo haber filmado acá, no
con Mel Gibson, obviamente.
T.M.: Sexto
sentido sería otro ejemplo en la misma línea
aunque desde otro género...
U.B.: Tomá el
cine fantástico español, Los sin Nombre, Tesis...
obviamente hay talentos ahí atrás...
T.M.: ... El
Espinazo del Diablo...
U.B.: Ahí está.
En México Guillermo del Toro... Es gente interesada en
el género, y es gente que sabe que se puede hacer una película
de género en su propio país.
T.M.: Eso
también es cultura.
U.B.: Claro
que sí... su asimilación
T.M.: Si
vos observás Europa en los años treinta, a partir
del mudo y todo ese corrimiento que hay después hacia América por
el azote del nazismo, es gente que no venía, como acá,
de ser asistente de director a los quince años y que a los treinta
por arte de magia se convierte en director, es gente que viene de otro
tipo de nivel cultural y que tiene una asimilación de las vanguardias...
U.B.: ...y
que no se reduce a la cultura entendida desde lo académico...
T.M.: No,
a nivel de apertura mental. Pienso en la contracara en el plano local:
un tipo que le financia una película a Carreras...
U.B.: ...
son muy talentosos para hacer dinero y, aunque suene duro, para estafar
a la gente. Yo te vendo un cajón entero, si querés...
pero adentro no hay nada. Y vos lo compraste, que era lo que yo necesitaba.
El talento reside en que el año que viene te vuelvo a hacer
la misma película y te la vuelvo a vender. Es genial eso. Ahora,
a nivel cine, es triste. Creo que después de la Guerra el
cine argentino cayó de una manera estrepitosa. En los sesentas
quizás hayan estado las excepciones, hubo un cambio de cine,
más cercano al europeo en todo caso, Favio, Martínez
Suárez...
AS-F:
La asimilación de la nouvelle vague.
U.B.: Exacto.
Había una sensibilidad que hoy en día sólo encontrás
en algunos pocos cineastas. Había un interés real en
hacer cine. No sé si esas películas eran realmente las
que la gente quería ver, se podría decir que eran películas
de festivales, pero indudablemente muy buenas.
T.M.: De
hecho algunas películas de Favio fueron rotundos fracasos
de taquilla, y no por eso dejan de ser geniales.
U.B.: De
acuerdo, pero tiene que ver también cómo te las vendían,
en qué época se estrenaron. Soñar, soñar,
con Monzón y Pagliaro, a mí me encanta...
T.M.: El
día del estreno hubo una amenaza de bomba en el cine, y además
coincidió con la caída del gobierno isabelista...
U.B.: Incluso
a nivel marketing, ese casting es buenísimo. Hoy en día
no podés hacer una película así, o quizás
sí, pero no estaría cinematográficamente bien
conceptuada. Actualmente los castings son muy poco seductores, incluso
en películas chiquitas. Ponés a Patricio Contreras,
a Patricia Etchegoyen... con la cara de Contreras gigante
en el afiche, más allá de que la película sea
buena o no, no te dan ganas de ir a verla. Y es un tema que debería
cuidarse, ya desde el nivel marketing, como decía recién.
Una película así se iría derecho al Tita Merello,
se iría al tacho enseguida. Ya desde el vamos la propia industria
condena a una película con esas características, una
película más, una película-chorizo que no despierta
el interés de nadie. Y es una lástima, porque el día
de mañana vos hacés una buena película, con una
historia de interés... Por ejemplo, hay una película
llamada Tres Pájaros, cuyo guión ganó un
premio en la Fundación Antorchas, es una road-movie al
estilo Camino sin retorno, el guión, que
tuve oportunidad de leer, es excelente, pero cuando ves la película
fallan un montón de cosas, pero lo que fundamentalmente falla
es la elección de la protagonista, su actuación es deplorable.
No funcionaba con la historia además, es un error de marketing
importante. No tanto porque la actriz sea desconocida, porque podés
poner a alguien desconocido y atrás gente de trayectoria que
sostenga la propuesta...
T.M.: Además
necesitás un tipo que sostenga desde la dirección. Fijémonos
sino en El Día que Maradona Conoció a Gardel,
trabaja Dolina, trabaja Maradona, y podríamos
decir que tiene un casting similar al que en su momento tuvo Soñar,
soñar.
U.B.: Yo
creo que si esa película hubiera sido medianamente buena hubiera
sido un éxito: tenía todo el auspicio de América
TV, apoyo desde los diarios...
T.M.: ...y
tenías a Maradona.
U.B.: Y
tenías a Maradona.
T.M.: Y
desde el título, aparte.
U.B.: Exacto.
Y encima no la supieron vender, y no la pudieron vender porque la película
es mala. Uno podría pensar, por ejemplo, que cualquier cosa
que se estrene con Pablo Echarri tiene el éxito asegurado.
Y no es así. Cuando Telefé machacaba insistentemente
con Héroes y Demonios, la película
se estrenó con bombos y platillos y sin embargo duró una
semana. Era un bodrio. El boca a boca también es muy fuerte,
es un país chico, es una provincia chica, y tengamos en cuenta
que las películas funcionan básicamente acá más
que en el resto del país. Otro ejemplo: Mentasti, quería
hacer una película con Rodrigo, se muere Rodrigo,
la hace igual. Recolecta videos en VHS y los revienta a 35, le mete
una historia en el medio a lo Peperina, que no tiene
pies ni cabeza, encima mal dirigida... para los cabezas, para
que vean y tengan a Rodrigo. Y la película fue un
fracaso. Seguramente recuperaron lo que invirtieron pero no era lo
que ellos querían, ellos esperaban un boom. Una vez más
subestimaron al público. Creo que se acabó un poco eso
de hagamos la película de Tremendo, hagamos
la película de Parchís, ya pasó,
porque lo podés ver en un especial de televisión, en
el que de pronto podés vender mucha más publicidad.
T.M.: Y
si te cansás hacés zapping.
U.B.: También.
Creo que tenés que vender algo más, los viejos truchos
ya tienen que dar paso me parece, ¿no?
AS-F:
Y sus viejas ideas también, porque los viejos mueren pero
muchas veces las ideas perviven...
U.B.: Bueno,
el Instituto de Cine se maneja más o menos así.
Todos los trámites que tenés que hacer para realizar
y estrenar una película están impuestos para que permanezca
la misma gente de siempre. Está preparado para que...
AS-F:
...te den ganas de desistir.
U.B.: ¡Claro!
Para que nunca estrenes tu película.
AS-F:
Idéntico comentario me hacía hace unos años
ya Ugo Adam, un realizador independiente de la ciudad de La Plata.
U.B.: Yo
en estos momentos estoy produciendo una película de terror, El
martillo, que está en pre, y para lograrlo tengo que
transar con otra gente. Gente que siempre tiene el visto bueno del Instituto,
tipos que ya hicieron más de veinte películas. Mi otra
alternativa era hacer la película, porque los actores están,
el equipo técnico también y algo de líquido como
para comenzar, y se puede llegar a realizar. Ahora, si yo la quiero
estrenar en el cine, empiezan los problemas, tengo que inflar los presupuestos...
entrar en ese juego que moralmente te socava.
T.M.: Sí,
porque terminás entrando en el juego que siempre criticaste.
U.B.: Exacto.
Es triste, ¿y todo por qué?, porque querés que
se estrene tu película. Realmente desalentador. A ellos no les
importan nuestras películas, les importa hacer el negocio. Yo
les puedo llegar a llevar la nueva versión de Mingo
y Aníbal...
T.M.: Sí,
o la película sobre Rodrigo..., si la pueden meter cobran
el subsidio igual y se llevan su sueldo...
U.B.: Seguro.
Incluso es más desquiciado aun este sistema, porque siempre
le da la posibilidad de doble de recupero, de interés general
inclusive -que todo lo que vos necesitás lo tenés ahí-,
te dan el cien por ciento de lo que vos ponés en concepto de
recupero industrial, y los que siempre se benefician son grandes grupos
empresarios asociados con canales: Mentasti, Polka...
T.M.: Polka de
hecho siempre obtiene un cincuenta por ciento del aval del Instituto,
en todo lo que hace.
U.B.: Digamos
que lo que se da en política se repite en todos los ámbitos:
en la música, en el fútbol... un retrato de un país.
Cuando viajé al exterior... en Inglaterra me decían ah!
Maradona, Falklands!, me veían casi como a
un delincuente, una situación muy incómoda, a los turistas
de otros lados los trataban mejor. Es como cuando vienen acá los
bolivianos, los peruanos, los chilenos...
AS-F:
Reiteramos el mecanismo.
U.B.: ¡Claro!,
siempre me indignó esa actitud.
T.M.: Siempre
nos creímos la París de Sudamérica.
AS-F:
Acaso el gran mal argentino.
U.B.: Luego
padecemos eso afuera. Fijate como esto incide a nivel cultural: ¿por
qué aquí no se estrechan lazos de coproducción?
Porque en este país tenés todo, a nivel técnico
estamos muy bien, a nivel capacitación también, hasta
a nivel locaciones, hay de todo. Y más favorable aun con el
tema del cambio monetario actual. Y si bien están funcionando
algunas publicidades, a nivel cine son muy pocas las coproducciones,
casi nada. ¿Por qué sucede eso? Nuestra bien ganada fama
de cagadores no es casual. Afuera las reglas del mercado son claras.
Puede haber algún trucho dando vueltas, pero en seguida, en
el American Film Market o en festivales internacionales como
en Cannes, por ejemplo, ya lo saben. Los distribuidores mundiales,
los agentes de venta, son siempre los mismos. Los negocios se hacen
con la mano, y estamos hablando de miles y miles de dólares.
Eso vale muchísimo, y acá es impensable, acá te
dan cheques sin fondo. Es lamentable, pero es el país en el
que vivimos y nosotros somos parte de esto.
T.M.: Y
nos hicieron parte de eso, también. Recuerdo la película
de Olmedo y Porcel, durante el Mundial '78, en
la que recibían turistas para estafarlos. Eso construye identidad.
Al reírte con la película le estás dando tu aval.
AS-F.:
El relato pugna por la identificación del espectador con
ese par de chantas, por que el público celebre la actitud
inmoral que exhiben
U.B.: Para
no hablar del machismo y la misoginia galopante que atraviesa al cine
y a la sociedad argentina... Falta de respeto para con las mujeres,
para con los homosexuales, para con las minorías..., al extranjero,
al del interior, al negrito, al cabecita, a los villeros,
siempre el porteño piola. Y esa proyección
del porteño, afuera, es totalmente negativa. Mucho peor que
la saña con que se estuvo burlando siempre de todo aquello que
acabo de mencionar. Porque tenemos fama de hacernos los piolas, pero
eso significa, para los demás, que somos hijos de puta, y encima,
boludos. O sea que no somos para nada piolas. La verdad es que cuando
la gente sale a la calle a cacerolear y a gritar que se vayan
todos... no sé, en realidad todos somos parte de eso.
AS-F:
Hay un no hacerse cargo también.
U.B.: Sí.
AS-F:
Parece fácil cargarle las culpas a la dirigencia política
como si fuera un compartimiento estanco.
U.B.: Seguro.
Sucede que muchos salen a cacerolear sólo cuando le tocan el
bolsillo...
T.M.: Sí,
hay mucha hipocresía también.
U.B.: En Estados
Unidos sucede lo mismo, fijate el relato que urdieron para preparar
entre la población el clima apto para iniciar la Guerra
del Golfo: supuestamente en Irak, en una nursery, habían
dejado tirados en el suelo a varios bebés para que murieran
de hambre... ¡es un cuento de Dickens!. Entonces el
pueblo yanqui lloró y dijo: a la guerra, vamos.
T.M: No
muy distinto de lo que están haciendo ahora para llevar adelante
la guerra contra Irak por el tema del petróleo.
U.B.: Un
diario te vende una cosa, y todos creen que es verdad. Quizás
ese diario esté detrás de todo, también. Los medios...
T.M.:
Canal 9.
U.B.:
Canal 13, Canal 11, todos.
AS-F:
Recordemos que los principales medios, canales de aire y demás,
son sucursales de grandes grupos financieros, y la estrategia que
tienen hacia la población es clara, en el sentido de focalizar
las iras de la gente en la dirigencia política para que no
mire más allá, porque esa dirigencia es el servicio
de cadetería de los grandes intereses económicos que
parasitan este país.
U.B.: García
Belsunce, los Conzi, cualquier crimen lo tornan gigantesco
y mientras tanto aumentan los impuestos, si es posible durante las
vacaciones, mientras atrapan el dinero en el corralito y lo fugan
al exterior... es realmente el plan de un mad doctor
(risas)
... es ciencia-ficción, es genial, son muy inteligentes
AS-F.:
Ya que lo mencionás, volvamos al género... De cara
al futuro, se observa, entre lo escaso de la producción,
la bifuración de dos caminos bien diferenciados: por un
lado las producciones mainstream (desde Lo que Vendrá,
pasando por Moebius y La Sonámbula...),
y por otro lado producciones independientes, de menor presupuesto,
como las del grupo FARSA, o Attack of the Killer Hog. ¿Cómo
avisorás el panorama tras esos dos rumbos?
U.B.: Si
no hay un holocausto postnuclear, y en todo caso si hay uno y queda
alguna cámara desvencijada para seguir filmando, es saludable
que se puedan seguir haciendo películas. Creo que el cine americano
está cada vez más en problemas. Tienen que resolver su
situación porque a estas alturas el interés del público
ha decaído demasiado. Un actor conocido, con efectos especiales
y explosiones, ya no vende tanto como antes, las historias cada vez
se repiten más, la falta de originalidad es moneda corriente...
Incluso subirse a los carriles de lo que es el mecanismo del sistema
de Hollywood a esta altura ya es odioso, porque todo lo que
ves es pochoclo. Lo hacen de una manera tan sencilla que te sentís
subestimado. Para el público americano en su mayoría,
millones y millones de personas que van a ver cine, y donde hay una
industria consolidada, es costumbre ver eso. Toda su cultura se maneja
así. Cuando se estrena una película extranjera subtitulada,
va a para a salas de arte para cuatro o cinco espectadores. No son
capaces de ver una película subtitulada, les lleva mucho tiempo.
Aquí en cambio, te acostumbraste desde chico a ver films subtitulados.
Imaginate sus hábitos de lectura, ¿qué leen?,
libros de supermercado, Jhonn Le Carré, libros de autoayuda.
O la música que escuchan, todo demasiado lineal, para no pensar
de más. Esa cultura, y por ende ese tipo de cine, como es tan
grande, abraza todo el continente, el mundo entero, y en muchos países
europeos y en Latinoamérica existe otra cultura que cada
vez concuerda menos con lo que ellos tratan de imponer. Dentro de los
dogmas que ellos tratan de imponernos constantemente, o dentro de las
estupidez con que nos bombardean, es cada vez más palpable el
hecho de que su arte cada vez funciona menos.
AS-F:
Es que las realidades se han disociado tan dramáticamente...
U.B.: Totalmente.
Yo creo entonces que si nosotros tomamos como referente -como siempre
lo hicimos-, al cine americano, como para seguir creyendo en hacer
películas, por ejemplo, estamos perdidos. Hay que buscar una
identidad, un nuevo cine, salir a buscarlo y tratar de cumplir con
las expectativas para con el público. Para que ese público
no se aburra puede ir a ver una película americana, pero también
puede obtener algo más que eso. Se le puede proporcionar al
público entretenimiento, planteos inteligentes, responsabilidad,
sin necesidad de bajar línea, que sería recaer en el
esquema de siempre del cine argentino.
Pero volviendo al tema que planteabas en la Argentina, lo mainstream
lo veo todavía muy poco maduro, hace veinte años que estamos
con el tema del nuevo cine argentino, que es un gancho para tratar de obtener
un mero reconocimiento, al menos del público local. Ahora todas las
películas son al estilo Pizza, Birra, Faso, que es
muy buena, el problema es que no todas tienen el nivel de ésa, o el de Mundo
Grúa. Por otro lado tenés las típicas películas
argentinas de siempre, que cansan, que ya no ve nadie porque tampoco se lo
merecen, salvo contadas excepciones, como Rosarigasinos,
un policial muy digno que sin embargo fue un fracaso de taquilla. Lo cual no
es nada alentador, teniendo en cuenta que se trata de un film de género,
y eso quita interés a futuro de posibles inversionistas para ese tipo
de films. Esto para no mencionar los otros géneros, que ni siquiera
se hacen. Y después tenés las películas industriales,
que tienen todo el apoyo del mundo, incluido el del público, y en general
son muy flojas. Tenés en este sentido unos pocos ejemplos de films realmente
muy buenos: Nueve Reinas, El Hijo de la Novia,
que está bien hecha, bien escrita e interpretada, y es una película
que puede gustar al gran público. Después me parece que no hay
mucho más. Se puede decir que el cine argentino hoy se mueve entre tres
sectores: uno que puede ser para festivales, que obtiene reconocimiento de
público y crítica locales, lo cual no es suficiente, después
está el llamado cine independiente, que está como a medio camino...
y el cine, digamos, de consumo masivo.
AS-F:
En ese mapa que acabás de trazar, ¿dónde ubicás
a las producciones independientes de ciencia-ficción? ¿Ese
camino independiente es un resquicio? ¿es una decisión?
U.B.: Creo
que es una necesidad. La necesidad de filmar hoy, porque no sé si
mañana voy a tener las mismas energías para hacerlo.
Como veo que el camino a las salas, o a la mayor difusión -porque
es obvio que los realizadores quieren que sus películas sean
vistas-, como veo que ese camino es muy difícil, que está prácticamente
cerrrado, bueno, lo filmo como puedo. En la mayoría de los casos,
estos realizadores se encuentran con que esas películas se las
tienen que guardar. Hay muchos ejemplos de gente que filma generalmente
en video y ahí tal vez puedas encontrar futuros talentos. Lo
que te hace pensar que bien podrían estas personas estar ocupando
el lugar del director de siempre que acaba de estrenar su último
bodrio. Siempre sucede eso, podemos trasponerlo al mundo de la música,
al de las editoriales... Igual la respuesta es seguir filmando, y unir
fuerzas, que no se trate de esfuerzos dispersos, sino de compartir
la idea de forjar un cine independiente, tal vez de género,
para hacerse escuchar mejor. Hay gente que por ahí tiene alegrías,
quiere filmar, quiere hacer películas de zombies siempre, supongo
que en algún momento tiene que madurar... Pero hay otra gente
que ya quiere trabajar con actores, gente que quiere hacer algo un
poco más elaborado, y no solamente en el plano visual -porque
una película no es sólo eso. Entonces sería bueno
que todos los desperdigados se unan como para poder crear, incluso,
lugares de discusión. Hoy en día hay muy pocos ámbitos,
tenés salas de alquiler, o el Cosmos, que también
se alquila, y el MALBA, que es muy interesante, porque da lugar
a casos como el de Balnearios, una película
independiente que tuvo muy buena repercusión, todos los fines
de semana a sala llena.
Habría que intentar la creación de un grupo como de rescate del
cine nacional, como para construir una identidad, que se pueda participar en
todas las reuniones de industria, lo que pasa es que esa gente no te permite
participar. ¿Por qué? Porque tenés que estar con ellos
y les estás sacando la zanahoria, digamos. Nuestra herramienta, nuestra
arma es el talento. Lo que sucede es que aunque hagas una película notable,
si la hiciste en video sabés que la va a ver la menor cantidad de gente
posible, si la hacés en cine, ya lo podés considerar un éxito,
seguramente lo que pretendés.
Igualmente creo que hay que seguir filmando, hay que apostar al género,
y no basarse tanto en las películas yanquis -aunque a alguien le pueda
sonar muy Che Guevara-, porque no creo que de allí haya mucho
más para rescatar.
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